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Mostrando entradas con la etiqueta Desde el Llanete de la Cruz [Pepe Cantillo]. Mostrar todas las entradas
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20/6/19

  • 20.6.19
Según la Enciclopedia Universal, la ley del embudo es “una expresión popularmente acuñada para denunciar una injusticia surgida en alguna confrontación o disputa…” que puede resumirse como lo ancho para mí, y lo estrecho para los demás. En este caso, los demás son los putos españoles porque nosotros, puros y castos catalanes, nunca jamás ofendemos. Este dicho se complementa con otros, si no iguales sí parecidos, como “siempre me toca bailar con la más fea” o “los mandamientos del mundo se reducen a dos: quítate tú para que me ponga yo”.



Las fiestas que se suelen celebrar, repartidas por todo el país, son muchas y muy variadas. Basadas en la representación de personajes públicos o privados y el fuego hay algunas de ellas que son interesantes y divertidas. Reseño brevemente alguno de tales eventos.

Como fiesta grande y basada en el fuego, las Fallas valencianas, catalogadas como fiesta de Interés Turístico Internacional, son únicas y vienen de mucho tiempo atrás. En su origen era una fiesta sencilla donde se quemaban restos de madera y trastos viejos. Digamos que era una tertulia de vecinos alrededor del fuego y con un vaso de vino.

Actualmente, los “ninots” (figuras de cartón, madera y papel o tela), muchos de los cuales representan personajes del entorno o foráneos con cierto tono provocativo o satírico, se queman la noche de la “Cremá”. Los muñecos son copias lo más parecidas posible al personaje que representan. Nadie ha pretendido denunciar tal crematorio. Acompaño un vídeo de la Nit del Foc de 2019.



Vamos con la parte estrecha de la ley del embudo y su explicación. ¿Hacia dónde quiero dirigir estas líneas? Aun resuena en el aire (el eco de la memez) el “cipostio” que han montado los supuestos “demócratas” por la quema de muñecos que desde hace años se realiza en determinados pueblos peninsulares. Vamos con los coripeños y su Judas Iscariote.

En Coripe, como en otros tantos pueblos, tienen la costumbre de realizar la quema del “Judas” como rememoración de la traición hecha por dicho personaje contra Jesús. Este año “el Judas” que había que ajusticiar ha sido Puigdemont. En años anteriores quemaron muñecos varios sin que ello levantase ampollas malolientes. ¡Claro, no eran de mi cuerda!

Dicha quema simbólica (repito) vale de ejemplo para reprochar “lo negativo para la sociedad” que han realizado señalados personajes públicos. Por muñecos del crematorio festero han pasado Felipe González, Iñaki Urdangarín, Aznar o Bárbara Rey. En Alfaro (Logroño) aunque no suelen ser pirómanos, este año decidieron quemar a Abascal. Hay que recordar, y me repito, que con los ninots se hace algo parecido.

Fiesta similar a la de Coripe también se celebra en Robledo de Chavela (Madrid), en Pedro Abad (Córdoba), Venta del Moro (Valencia), Villadiego (Burgos), Chozas de Canales (Toledo), Talayuelas (Cuenca), Samaniego (Álava) Cabezuela del Valle (Cáceres) Bocígano y Zarzuela de Jadraque (Guadalajara). Podríamos citar más, cada una de las cuales tiene características propias que gustan o no por diversas razones.

El hecho ha molestado enormemente a la integridad moral y política de acólitos y personajes catalanes hasta el punto de bramar en su cuenta de Twitter un tal Torra: “Sencillamente, hórrido. Asco extremo. Intolerable. Lo denunciaremos”, ha escrito dicho personaje. Hasta aquí la cara estrecha del embudo.

Pasemos a la parte ancha del embudo. Tanto dentro de Cataluña como fuera de ella, los que ahora se rasgan las vestiduras son los que aplauden la quema de fotos y efigies del Jefe del Estado –como tal Estado no es el suyo, dirán–, quedándose tan panchos.

“No tiene sentido que se rasguen las vestiduras cuando la Fiscalía abre diligencias por la quema de la efigie del Rey” y para colmo apelan a la libertad de expresión para justificar dicha acción. Buen comienzo éste para ser independientes. ¿Quiénes? ¡Hombre! Los Països Catalans que vamos todos juntos.

Han aplaudido la quema de la bandera estatal –como no es la suya...–. Como siempre, tu bandera (España) es un trapo para nosotros. La buena es la estelada que es sa-gra-da. Si la ofendes te las verás conmigo, dicen todos los que cambian de cara y chaqueta cuando la supuesta ofensa o el daño se lo hacen a ellos.

Estamos ante una triquiñuela más de las muchas empleadas últimamente para abonar la razón de sus intereses políticos denunciando con ello la malquerencia, la mala voluntad del resto de España contra ellos, dicen. Porque España no nos quiere…

Para quien esté inmerso en la verdad absoluta queda claro que los hechos son (para ellos) censurables. ¿Por qué? Por rememoraciones cristianas trasnochadas, ¡quia! Por ataque directo a la democracia, ¡por favor! Simple y llanamente han bramado ante dicho acto “que consideran un presunto delito de odio” contra ellos que jamás odiaron a nadie.

Cito una intervención en Onda Cero. “Monólogo de Alsina, sobre la quema del muñeco de Puigdemont: Qué vas a esperar, Carles, de un estado fascista”. La gente de derechas es facha. España es fascista (facha) según los sensatos y sensatas del “País de Nunca Jamás” con su hada Campanilla que deben ser todos de izquierda y que si acaso solo son fachosos y fachosas algunos. Peter Pan y Campanilla nunca mueren.

Y a la manida y manoseada cantinela de “España nos roba”, hay que añadir “España nos ofende”, “España nos odia”, “España no nos quiere”. ¡Puta España…! Y no digamos “na” si los ofensores son andaluces, como ocurre en este caso.

Me atrevo a añadir, aun a costa de parecer políticamente incorrecto, una crítica. Es que los andaluces no tienen remedio, son unos mamarrachos que no valen para nada, pensarán los muy cultos (cortos amiguetes). Porque si el personal hace memoria podrá recordar que los españoles, en general, somos muñecos no apreciados y los andaluces menos, pues se nos humilla cada vez que hay ocasión para ello, con razón o sin razón.

La historia reciente desde los años ochenta, por no irme más lejos, está plagada de juicios malévolos contra la gente andaluza (vagos y maleantes, perezosos, festoleros y mil epítetos mas…). Las diatribas siempre han partido de la cúpula política.

Si curioseamos en discursos políticos, en algún que otro libro, en conferencias públicas, declaraciones políticas de algún “Molt Honorable” podremos confirmar tal aseveración. En síntesis, “Puigdemont (como chamuscado) acusa, Torra amenaza”. Ambos tienen el título de Molt Honorable. Una cuestión es tenerlo y otra confirmarlo en la realidad.

La otra parte de dicho embudo, la ancha, es para “los buenos ciudadanos” (¿¡?). Acoso sistemático a partidos que no sean de su cuerda –parece que ninguno lo es–. Escraches dentro de su territorio (uso esta palabra que parece suena mejor que “acoso”) a políticos de cualquier otro partido. Como tienen muchos huevos hasta bombardean con ellos a quien se le ponga por delante y si no que se lo digan a Marta Sánchez.

Acojonamiento de familiares de políticos contrarios, amarillismo sensacionalista al estilo de cómo lo practica la mejor prensa amarilla. De tal acoso no se ha salvado ni el Tato, torero del siglo XIX que no se perdía un sarao por nada del mundo. Supongo que quieren demostrarnos que “tienen más cojones que el caballo de Espartero”.

Pintadas contra partidos, contra personas concretas de tales siglas, siempre apelando al derecho a la “libertad de expresión”. La lista de agravios (“justificados”, dirán) es larga. Solo hay un “pero”. Siguen comiendo de los presupuestos de un Estado enemigo del que quieren separarse.

Sensacionalismo, como lo practica la prensa amarilla. Ante este panorama de choques y tropezones dialécticos se podrían aducir muchos y variados ejemplos, acertados para unos, falaces para otros, pero caer en la demagogia solo sería alimentar un fuego fatuo en este caso “lleno de presunción o vanidad ridícula”.

Supongo que terminaremos denunciando las murgas de los Carnavales, desde el más famoso (Cádiz) hasta los de cualquiera de nuestros pueblos, donde dichas murgas que “interpretan canciones satíricas en los carnavales”, se mofan de personajes tanto locales como peninsulares e incluso de fuera del país.

La palabra “murga” tiene su origen en el Carnaval de Cádiz desde donde se extiende por España y parte de América. Y puede que los “ninot” de Fallas también deban suprimirse, desaparecer, porque se mofan de todos y de todo. Aprenderemos a bailar sardanas…

PEPE CANTILLO

6/6/19

  • 6.6.19
La cultura que encierra el refranero español es muy rica en sentencias, frases que aluden a una amplia gama de cuestiones en referencia a elementos atmosféricos, a animales y, por supuesto, a la persona y a la cultura o la religión. En la acumulación de sentencias sobre animales parece que está apareciendo una “nueva inquisición” sobre el tema que pretende cambiarlas o anularlas. Esto es materia para otro momento.



Perico el de los Palotes es una “persona indeterminada, un sujeto cualquiera”, según la RAE, tal como Fulano, Mengano o Zutano, pero aunque “no se sabe quién fue, debió existir”, según explica Pancracio Celdrán en su libro Inventario general de insultos. Entresaco algunos datos para presentarlo.

En el citado libro hay una amplia gama de datos, de frases cargadas de significado. En el caso del tal Perico, la explicación más corriente de esta frase hace referencia a alguien indeterminado, es decir a un sujeto cualquiera carente de importancia que incluso su identidad tampoco tiene significación especial. En términos muy simples diríamos que se trata de un chiquilicuatre cualquiera.

Perico más que tonto era bueno. Ser más tonto que el susodicho no resulta fácil ni tampoco difícil. En el siglo XVI se llamaba así a un bobo que tocaba el tambor con dos palotes, precediendo al pregonero y que se quedaba con los “cuartos” de ambos. No debió ser muy tonto, entonces. De todas formas, se dice que era un don nadie. Perico también hace referencia a un pájaro de América del Sur, fácil de domesticar.

Alguien se podrá preguntar a qué viene toda esta perorata. Todo a su tiempo. De entrada haré referencia a lo que me atreveré a llamar “feminismo del bueno”. ¿Razón? Estamos a caballo entre el siglo XIX y XX, cuando un grupo de “atrevidas mujeres” da la cara para conseguir toda una serie de derechos que hasta el momento les han sido negados.

Pero como la curiosidad es picante y revoltosa, busca que te buscarás y el susodicho aparecerá como seudónimo de una “mujer de bandera” que vivió a caballo entre el siglo XIX y XX. Es decir, nos referimos a una escritora que se camuflaba tras este y otros seudónimos. La etapa sociocultural no daba para muchas posibilidades en una sociedad en la que la mujer no contaba para nada, razón para ocultar la identidad.

Dicho Perico es el seudónimo de…, ¡ misterio! Indudablemente, este tipo de seudónimo puede llamarnos la atención o dejarnos fríos y pasamos olímpicamente de averiguar quién se esconde detrás del susodicho. Estamos ante un nuevo personaje que vale un potosí. La verdad es que el filón informativo de esta joya da para hacer una disertación mucho más amplia e informante del tal Perico que “sí existió” y era una mujer.

Tras este seudónimo se refugia Carmen de Burgos, también conocida por Colombine. Estamos ante una mujer periodista y corresponsal de guerra que, por necesidad, supo esconderse bastante bien tras diversos seudónimos. Tenía razones más que sobradas para ello. Además de ser mujer, era feminista y precursora del divorcio en España.

Estamos ante una “mujer de bandera”. Dichas mujeres de bandera son aquellas que, por excepcionales, dejan huella allá por donde pasan, que luchan contra viento y marea en unas circunstancias más bien adversas para ellas. Su gran atrevimiento como mujer le granjeó múltiples dificultades.

Vivimos en unas circunstancias sociales, religiosas, en las que las mujeres no podían ni mover un dedo sin la aprobación del hombre. Hasta tal punto el control era tan rígido que se podría afirmar que ni tan siquiera eran dueñas de sí mismas. Como “premio a su labor”, será la primera mujer que aparezca, años después de su muerte, en la lista de autores prohibidos por el franquismo. Ironías del destino.

Era una mujer (1867-1932), andaluza para más señas, que nace en Rodalquilar, Almería. Su nombre de pila era Carmen de Burgos, más conocida por “Colombine”, uno de sus seudónimos. Se casó muy joven con el periodista Arturo Álvarez, del que se divorciará porque el matrimonio no funcionaba. Un divorcio en tales años era todo un desacato.

Un buen día coge sus trastos y se marcha a vivir a Madrid acompañada de su hija. Tiempo después conoce a Ramón Gómez de la Serna (once años más joven) con quien colaborará e iniciará una larga relación amorosa a partir de 1909.

Periodista, escritora, traductora y activista de los derechos de la mujer, fue una de las primeras corresponsales de guerra a nivel internacional y la primera española en ejercer este oficio. La cantidad de artículos de prensa escritos por ella es abultada.

Colombine firma también con seudónimos como “Gabriel Luna”, “Perico el de los Palotes”, “Raquel”, “Honorine” o “Marianela” y algún otro más. Fue redactora del Diario Universal de Madrid entre otros y la primera periodista profesional en España. También está considerada como la primera corresponsal de guerra.

Perteneció al grupo de escritores de la Generación del 98, aunque es citada como muy de pasada. Ser mujer, divorciada y destacar intelectual y activamente era una dicotomía difícil de asumir por aquellas fechas.

Vive en un tiempo que rechaza y desprestigia el trabajo intelectual de la mujer, máxime estando divorciada. Ello le obliga a firmar sus trabajos con distintos seudónimos como el de Perico el de los Palotes, que lo utilizó durante más de cinco años. Estamos ante una mujer valiente y muy adelantada a su época.

Activista fecunda, a partir de 1906 inicia una campaña a favor del sufragio femenino con una columna titulada El voto de la mujer. Mantiene tertulia literaria con diversos escritores del momento e interviene en el nacimiento de la Revista Crítica, de la que llegaron a salir seis números. Con la llegada al Gobierno del conservador Maura, la destinaron a Toledo para quitársela de en medio. Adelanto de lo que vendrá después.

En un momento en el que las mujeres no podían hacer nada sin la aprobación de un hombre, ella consiguió romper barreras tanto sociales como profesionales. Viajó al extranjero por razones de trabajo. En el libro Por Europa deja un amplio relato de su viaje por el Viejo Continente.

Su producción literaria es amplia. Escribió más de 100 novelas cortas y una docena de largas, ensayos, traducciones de algunos autores extranjeros, unos 10.000 artículos de prensa. Algún libro: El divorcio en España, Cuentos de Colombine.

A lo largo de su nueva vida en la capital se rodeó de la élite intelectual de la época y escribió numerosos artículos de prensa, entre ellos para el diario El Heraldo de Madrid. Se relaciona con Emilia Pardo Bazán, Benito Pérez Galdós, Blasco Ibáñez, Joaquín Sorolla, Julio Romero de Torres, Gregorio Marañón, Juan Ramón Jiménez… entre otros muchos.

Si Carmen de Burgos es importante por su constante lucha en pro de los derechos de la mujer, por su insólito trabajo en una sociedad que se opone a que una fémina realice labores consideradas exclusivas del hombre y si había que esconder la identidad en sinónimos despersonalizados, ella no se rindió. Hay que descubrirse ante tanta bravura.

Pero la batalla parece perdida, pues tras la “guerra incivil” fue enterrada y por tanto silenciada, en las catacumbas del olvido. Su figura, su obra y su actitud y legado quedó olvidado por el franquismo. Sus adversarios le ganaron la partida después de muerta. “Es la primera mujer que engrosa la lista de autores prohibidos por el franquismo”.

En la biografía escrita por Concepción Núñez Rey, defiende a la almeriense como “modelo del feminismo combativo y racional, adelantada a su tiempo, aventurera, periodista, escritora, corresponsal de guerra y valiente intelectual implicada en la política y cultura de la España de principios del siglo XX”. ¿Hay quién dé más?

En la actualidad, cuando hablamos de “una mujer de bandera”, estamos haciendo referencia a mujeres que, a lo largo de la historia, han marcado un hito, que escribieron en mayúscula su paso por la historia de nuestra cultura occidental y, sobre todo, han intervenido significativamente desde el siglo XVIII hasta nuestros días.

PEPE CANTILLO

23/5/19

  • 23.5.19
La realidad de muchos humanos se está haciendo virtual poco a poco. El Yo ya no da la cara para casi nada. Las relaciones que mantenemos sobre todo con amistades y con bastantes conocidos son, la mayoría de veces, virtuales y carentes de comunicación directa y personal. A veces llegaban cartas, hoy mensajes a lo más curiosos, sin valor.



Amigos, conocidos y algunos cercanos añadidos los hemos escondido en un grupo del móvil como si fueran una gavilla de sarmientos. Están ahí pero no sé nada de ellos ni ellos tampoco saben de mí por la simple razón de que no preguntan. ¿Puedes preguntar tú? Ciertamente puedo hacer una llamada para hablar.

La referencia al concepto amigo se torna ambigua dado que la amistad comporta “afecto personal, puro y desinteresado que nace y se fortalece con el trato” (sic). Tal definición me deja algo cabizbajo, triste, puesto que “decir amigo es decir ayer y siempre lo tuyo nuestro y lo mío de los dos. Decir amigo se me figura que es decir ternura.” (Serrat). La virtualidad parece un espejismo en el desierto de la comunicación, tiene existencia aparente pero no real.

El otro tampoco tiene datos, ni buenos ni malos, de cómo te encuentras. Tomemos esta afirmación/negación en sentido de ida y vuelta. A lo más, en el ejemplo anterior, cuando reciben noticias, negativas o positivas, llaman y se alegran o conduelen contigo. Bueno, algo es algo y mañana será otro día. Lamentable pero cierto.

Paradójicamente, cada cierto tiempo llega el trino del pajarillo “guasapero”. Acudimos a ver qué tripa se le ha roto a alguna de nuestras relaciones virtuales o qué valiosa noticia nos quieren transmitir. Acudimos a sabiendas de que ni hay tripa rota –o al menos no lo dice– y el mensaje es una viñeta mas de las tantas que llegan “repes” a lo largo del día.

Nos entra la última ocurrencia –positiva o negativa, es lo de menos– del personaje público de turno o del tonto de capirote que dijo una chorrada. Incluso es la rufianada de algún mequetrefe público o semipúblico, o de un botarate más del montón de necios insulsos existentes en el polo norte de las relaciones heladas por una supuesta comunicación con un supuesto alguien.

Desglosemos un poco dicho uso. Suena el pajarito y nos ponemos manos a la obra. Es desesperante ver cómo se pierde el tiempo con improductivos desplazamientos por la pantalla para ver unas viñetas. Digamos que unas son curiosas, otras simplonas, las más de ellas ajenas a nuestros intereses.

Siempre que el trino del pajarito guasapero avisa de la recepción de algo (ni bueno, ni malo, ni útil: a lo más, superfluo) el fisgoneo explota y hay que ver qué tripa se ha roto con ese trino. ¿Realmente estamos comunicados? Creo que no, puesto que este tipo de viñetas dice poco. A lo más algunas son curiosas. Hagamos un breve paseo por ellas.

Y nos entran “emojis” que parecen recién sacados de la frutería del supermercado, pegatinas que te aplauden, tartas de cumple que tu sugieren que soples fuerte o que tomes una copita por mí (sin pasarte…).

Luego están los “gif” (formato gráfico) con unos muñecotes geométricos rellenos de risa que se llaman “Minions” (en francés, siervo leal) y hasta tienen sus “pelis” rotando por Youtube; caritas con mil expresiones y si encuentras algo mejor o más llamativo pues hasta sorprendes a tus contactos, por ejemplo un nervioso brincar de dos figuras humanas que saltan y saltan histéricas y te dicen “choca esos cinco…”.



Claro que como muchos somos cortos de mollera puede que extendemos la mano para un choque virtual con nuestro informante. También aparece un cuadro de multitud de personas aplaudiendo desesperadamente y a la velocidad de la luz. Solo falta el gato con botas... Terminas de alucinar cuando te entra la escena de la Capilla Sixtina (Vaticano) representando “la creación” en la cual Dios y Adán se divierten haciendo manitas. ¡Viva la imaginación!

A primera hora de la mañana entran cuadritos con un ¡buenos días! entrelazando flores; para desayunar ya ha irrumpido alguna noticia contra el muñeco público, sea un famoso o un político de la onda o mejor de la contra, que aparece en pantalla y que cometió un grave error anoche o en días pasados.

A media mañana nos ofrecen un paseo por algún parque virtual repleto de flora y fauna siempre en eterna primavera. Si cumples años recibirás rumbosos ramos de flores de mil colores o ingeniosas frases de una supuesta Mafalda. ¿Supuesta?

Ciertamente el manipuleo que seamos capaces de hacer con las flores, pone en boca de la susodicha cuestiones que, una Mafalda desamparada hace algún tiempo, no ha podido decir. Me explico. “Por decisión de su creador, la ultima historieta de ella se imprimió el 25 de junio de 1973. Quino siguió creando historietas de humor que fueron publicadas en periódicos y revistas”, pero creo que no reeditó a Mafalda.

Si alguien está interesado, desde el domingo pasado, “Mafalda regresa con El País por su 55 aniversario”. Hace una oferta (no vendo, aviso) con material “En las 11 entregas de la colección Mafalda”. Sigamos.

La pantalla del telefonito a veces aparece llena de unos redondelitos en colores con los que se pretende enviar afectividad o rechazo, alegría o tristeza, burla o lágrimas. Cada redondelito quiere expresar parte del sentir de quien lo envía. Emoticones se les llama.

Por emoticón se entiende “representación de una expresión facial” que se utiliza en mensajes electrónicos para aludir al estado de ánimo del remitente” (sic), insertado en dicha mancha coloreada. Y te llegan emoticones, cada uno de ellos cargado de emociones positivas o negativas con los cuales queremos expresar algún sentimiento hacia el receptor al que se dirigen dichas seudocaritas redondas como naranjas sin zumo y ni tan siquiera sin afecto.

Hasta estas circunferencias, la mayoría de ellas anaranjadas, crean cierta controversia: “emoticón o emoticono” porque la base deviene de “icono” o “ícono” pero nunca de “icón”; y en plural parece que debe decirse “emoticonos o emoticones”. En el fondo de todo lo dicho nada queda claro porque “no sabemos si son galgos o podencos”.

La aludida expresión tiene su origen en la fábula “los dos conejos” de Tomás de Iriarte. Unos perros persiguen a un conejo que huye ahogándose por el esfuerzo. Se detiene un momento a dar explicaciones a otro conejo que pregunta ¿qué pasa? Me persiguen dos galgos. Los veo venir, dice el otro pero son podencos. Discuten si galgos o podencos y son cazados por los perros. Conclusión: perder el tiempo en discusiones fútiles puede costar caro. Vuelvo a lo que iba.

O nos entran memes. Un meme puede ser “una imagen, vídeo o texto, por lo general distorsionado con fines caricaturescos, que se difunde principalmente a través de Internet” (sic). También puede ser una página web, un hashtag o simplemente una palabra o una frase significativa

Al final del día, si le damos un repaso a todo lo que entró en el móvil encontraremos en la mayoría de cuestiones que no hemos compartido ni hablado, aunque sea por escrito, nada con Perico y Andrés.

Eso sí, hemos recibido cincuenta vídeos, que se atascan en su desarrollo, para decirnos chorradas, cuarenta cuadritos con flores o con chistes que han perdido la gracia por el camino, diez viñetas atacando al enemigo público del día, si es político mejor que sea de derechas que de izquierda, tanto si es catalán como charnego o “franchute”, en el caso de que sea deportista, mejor del equipo enemigo, nunca de mi equipo.

Nos estamos volviendo algo idiotas gracias al tablado virtual en el que se nos permite y se aplaude, eso creemos, cualquier dislate (disparate o estupidez) que digamos para que la vea u oiga todo el mundo. ¿Todo? No exageremos, dice Pepa o Pepo, yo mando cosas interesantes, divertidas para que mis amistades vean lo ingenioso que soy. ¡Bravo! Y colorín colocado la comunicación ha terminado...

Claro que podríamos dedicarnos a pensar, valorar lo positivo o negativo que nos ofrece la realidad diaria, sea sobre economía, política, educación, y un largo etcétera. Claro que eso no mola. Pensar es propio de mentes abiertas, con amplitud de miras y objetividad (no ineptos criticones), y ser capaces de razonar con conocimiento de causa.

PEPE CANTILLO

9/5/19

  • 9.5.19
El chiste es una ocurrencia creada con intención de hacer reír. Puede ser oral. Esa era su difusión antes de la invasión de Internet y sus modalidades. También puede aparecer por escrito. Internet se encarga de ello y los chistosos aumentan, aunque sus ocurrencias no produzcan el objetivo deseado, que no debería ser otro que el de hacer gracia en el personal.



En resumen, sea oral, escrito o gráfico, el objetivo es provocar risa en el receptor, tanto si se refieren a personas concretas o tienen intención política, social o religiosa. Siempre el chiste enmascara una crítica, una puya contra algo o alguien. Hay chistes buenos y su efecto es suscitar la risa; los hay malos, peores o pésimos, los cuales provocan rechazo e incluso rencor. ¿Motivo? Son ofensivos y éticamente improcedentes.

Hacer reír no es fácil. El verdadero cómico suele conseguirlo explotando expresiones y tono de voz, gestos. Recuerdan “aquel que diu…”. Estoy refiriéndome al desaparecido Eugenio siempre serio. Gila era otro de los notables. Siempre respetaron a las personas. En Youtube abundan sus chascarrillos “… de sentido equívoco y gracioso” (sic).



Hechas las presentaciones, entro en faena. Es un hecho que hacer burla, mofa o befa de alguien es una acción despreciable. Lo políticamente correcto y la inclusión están de moda pero tengo la certeza de que cambiando unas palabras supuestamente malsonantes por otras supuestamente correctas no ha dado resultado entre nosotros y la falta de respeto al otro sigue creciendo.

Como ejemplo se me ocurre que decir “gay” solo ha conseguido envolver en papel de celofán, como si fuera un regalo, la palabra “marica”. Dicho término lo teníamos casi correcto con la palabra homosexual. Piropear es ofensivo y está mal visto. Era lanzar una flor verbal, aunque también surgían groserías. En este caso ya no piropeamos, al menos en voz alta; otro cantar es que musitemos para nuestros adentros la “gracieta”.

La palabra gitano tiene ocho explicaciones en el diccionario, no todas positivas. El pueblo gitano tiene buena o mala gente, igual que otras comunidades. Con respecto y respeto al pueblo gitano dejo unos videos que hasta nos pueden servir de aclaración de múltiples elementos relacionados con dicha etnia.



Podríamos seguir añadiendo y explicando cuestiones similares a las citadas. Burlarse de cualquiera puede ser algo grosero e insultante y da igual que sea homosexual, jorobado, gitano, negro, cojo, normal o anormal. En dicho saco entran chistes sobre personas con defectos que sí tienen gracia pero de ninguna manera son ofensivos. El caso que nos ocupa creo que además de ser ofensivo es soez, grosero y de mal gusto.

Voy a adentrarme en terreno minado, escabroso y difícil de aceptar como de rechazar. Los chistes pueden ser ofensivos y, en concreto, el último escándalo cargado de aparente mala intención que ha dado mucha cancha las pasadas semanas, creo que es, amén de soez, ofensivo. Indudablemente es una opinión personal.

Vamos por el chiste. Intentaré aportar referencias de prensa que trataron en su momento este tema. Para ello cito digitales de alcance nacional. “Un colaborador de Dani Mateo se mofa de las personas con síndrome de Down”, tituló OKdiario, relacionando el asunto chiste con el incidente de Mateo y los mocos a la bandera. Dejo de momento el sendero de las banderas.

ABC lanza esta pregunta: “¿Mártir de la libertad de expresión o humorista insolente?”. “Sin haber cumplido todavía los treinta, el humorista D. Suárez ya ha perdido dos veces su trabajo por la crudeza de sus chistes”. ¿Crudeza o malévola intencionalidad? Si algo queda claro es la polémica levantada por el tuit publicado que “atenta contra la dignidad e integridad moral de las personas”.

Titular de Tribuna en El Confidencial: “Dejadnos reír en paz: manifiesto en defensa del mal chiste”. Y añade “Un breve mensaje ahora para los cómicos: seguid el ejemplo de Suárez: él se ha negado a borrar el chiste… y a humillarse pidiendo perdón”. Dicho artículo hace frente común con el chistoso y anima a que otros “chisteros” hagan lo mismo. La discusión está servida… ¿También el respeto a las personas?

Arrejunto el matrimonio. El asunto, tanto de la bandera como del chiste, es una moneda con doble cara dependiendo de dónde deje los mocos y de qué o de quién se haga burla. Primero habría que plantearse si dicha bandera me dice algo, porque si paso de banderas el asunto en apariencia carece de importancia. Pero arriesguemos la pregunta: ¿me daría igual, siendo republicano, el moqueo de la enseña morada? Pisamos terreno embarrado.

Si eres estatal (lo de facha sobra) la bandera republicana estaría de más. Por el contrario si eres republicano la bandera estatal se desprecia, la moqueas o la quemas al gusto. Disiento con el planteamiento. Da igual. Quemamos las dos… (¿!?).

La libertad de opinar y pensar no autoriza, aunque creamos lo contrario, a machacar a las personas que disienten de mi pensar. Cada semejante tiene derecho y libertad para pensar según sus creencias tanto políticas como religiosas, pero no a ofender.

Imponer una línea de pensar, creer y actuar es un zarpazo mortal que lo mas que se podrá obtener de tal ataque es un enfrentamiento a muerte. Violencia engendra violencia y el fanatismo, venga de donde venga, arruina la libertad.

El pasado abril, el humorista puso en Twitter un mensaje que generó una enorme polémica. En tres días se ha quedado sin trabajo y, para colmo, un sindicato de policía, el Comité Español de Representantes de personas con discapacidad (CERMI) y el padre de una niña con síndrome de Down han arremetido en su contra. ¿Por capricho, por manía? Este tuit “atenta contra la dignidad e integridad moral de las personas con discapacidad, las ridiculiza e incita al odio”.

Vuelvo al chiste. “El secreto fue que la chica usó muchas babas. Alguna ventaja tenía que tener el síndrome de Down”. Creo que estas palabras hablan por sí solas. Simple y llanamente estamos ante una ofensa a un colectivo cuya situación personal es harto difícil y hasta hace poco eran arrinconadas. Con dificultad son aceptadas en sociedad.

Vamos al significado de chiste. Intento acotar los significados de unas cuantas palabras relacionadas con chiste, incluido éste. Según la RAE el chiste es un “dicho u ocurrencia agudos y graciosos”, también se define como “chanza, burla, broma”.

Vayamos por partes. Los chistes se inventan, en principio para hacer reír al personal lo que no quiere decir que todo chiste sea gracioso, bien puede que sea tan ocurrente que respondamos ¡pues, no le veo la gracia! Sí que el chiste puede ofender y entonces aun lo veremos menos oportuno y sin gracia alguna.

En referencia a lo citado anteriormente entresaco un comentario, en este caso hecho por el susodicho chistoso en su cuenta personal de Twitter. “Mi intención nunca ha sido y nunca será la de herir a las personas con Síndrome de Down”. Pero las personas con dicho síndrome y/o sus representantes no lo ven igual.

Añado otro comentario recolectado del digital Público y cargado de cierto matiz político: “si la broma hubiera sido con Ortega Lara, que es un señor de derechas, habría tenido mucho más apoyo, muchos cómicos de izquierdas apoyan sistemáticamente el ataque a la derecha, porque forma parte de su identidad, pero el síndrome de Down es un caso apolítico”. No acabo de entender a qué identidad se refiere si la clave sigue siendo la dignidad y el respeto a las personas, no la ofensa y denigración de las mismas.

El síndrome de Down es una alteración genética producida por la presencia de un cromosoma extra. No es una enfermedad. A lo más quien padece dicho síndrome es posible que tenga algún grado de discapacidad intelectual y algunas características típicas que se manifiestan diferentes en cada persona.

Termino con una referencia alegre, llena de vida y que va mas allá de las peripecias manifestadas por los cortos de mente. Me refiero al aire fresco que entró en nuestra sociedad cargada de malos humos y pésimos humores con la película Campeones. Jesús Vidal traspasa el muro de la discapacidad y gana un Goya por la interpretación en dicha película. Dice Vidal: “Si no sientes que eres capaz de aportar algo a la sociedad, no puedes ser feliz”.

PEPE CANTILLO

25/4/19

  • 25.4.19
“Pan y circo” es una expresión que proviene del tiempo de los romanos. La frase es muy simple pero muy significativa. Alude a comida que por lo normal consistía en trigo o pan para calmar los jugos gástricos que rugen como leones cuando aprieta el hambre; la palabra "circo" hace referencia a jolgorio “regocijo, fiesta, diversión bulliciosa” (sic). A veces también repartían vino.



¿Daban fiesta y comida gratis? Era una forma muy complaciente de tener entretenido y lo más contento posible al pueblo. Se trataba de acallar protestas, de no montar bulla, de ser buenos, obedientes, depositando la confianza en los mandatarios y no meterse con el poder que, se supone, sabe lo que tiene que hacer por el bien del pueblo. Lo de gratis es otro cantar. Quede claro que no solo nos controlan con alimentos.

¿Gobierno altruista? El altruismo, en sentido estricto, se refiere a “la diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del bien propio” (sic). Lo de “a costa del propio bien” vamos a dejarlo de lado. En el caso que nos ocupa, tal capacidad “altruista” siempre es a costa del erario estatal dado que los caudales públicos no son de nadie. Eso nos venden. El poder debe ser estricto administrando, cuestión que parece olvidarse con facilidad.

Una curiosidad. Muchos de dichos espectáculos en la Roma Republicana tenían origen religioso con carácter sagrado y ritual recordando a los difuntos. Con el paso del tiempo pierden dicha sacralidad y se acoplan al gusto del público. “El muerto al hoyo y el vivo al bollo” desplazará al evento religioso.

Las luchas encarnizadas se desarrollaban en los anfiteatros. El espectáculo solía ser sangriento y el público terminaba pidiendo la cabeza del vencido que podía ser un criminal, un prisionero o un gladiador. Los animales eran otro de los elementos a intervenir en dichos espectáculos.

Este divertimento y la distribución de alimentos de manera gratuita se convirtieron en las dos grandes herramientas de control social. Como ejemplo, por toda la Península hay restos de circos o anfiteatros. El circo Máximo de Roma tenía capacidad para 300.000 espectadores.

Santiago Posteguillo hace una interesante descripción en el capítulo cuarto del libro Yo, Julia. Nos describe un macabro espectáculo cargado de sangre y de crueldad contra animales y amagos mortales contra espectadores. Todo ello a gusto del emperador Cómodo, que controla hasta a los senadores.

La máxima “pan y circo” ha pasado a la posteridad con sentido peyorativo. Con su uso damos a entender que la autoridad, el Gobierno o el político en el poder escamotean la realidad a cambio de diversión, de entretenimiento que garantiza una cierta actitud de conformismo y de calma en el personal.

La política de pan y circo es atemporal y está muy activa en la actualidad. No pertenece en exclusiva a ningún país. Pervive adaptándose a las circunstancias del momento y al cambio de modas. En los tiempos que corren, una de las diversiones más popular es el fútbol, actividad que mueve gran cantidad de personal desde hace tiempo y una amplia gama de negocio chanchullero. Merece la pena prestar atención al siguiente video, La gran mentira del fútbol:



A esta actividad hay que añadir otros deportes como maratones, carreras pedestres, de bicicletas, todo ello estratégicamente programado y distribuido. Sería interesante hacer un análisis de diversiones selectivas en las que famosos y famosillos se embarcan para entretener al pueblo.

¿Preocupación por el personal? En pocas palabras, se trataba de tener entretenida y lo más contenta posible a la plebe. De dicha frase lacónica y fácil de comprender y retener por su brevedad, es posible que derive nuestro refrán “las penas, con pan, son menos”.

En resumen una pena será más llevadera con pan y con la ayuda de alguien, en este caso el “Poder”, que puede ser de todo menos tonto. ¿Caridad cívica? Dicho pan es un apoyo material y psicológico para compensar el malestar dentro de una sociedad descontenta y saturada de apuros que ahogan a los ciudadanos de aquella Roma o de esta Hispania.

No hay que ser un lince ni tener vista de lince para olisquear que nos están dando gato por liebre. Puede que no seamos, en general, tan astutos como el lince pero tampoco tan tontos ni tan papanatas como a veces nos hacen creer desde el poder. Aun así, nos dan con frecuencia gato por liebre.

Mañana… Lejos quedan las promesas hechas en el orden económico, social. Verdades a medias, mentiras camufladas, bulos, son parte del concierto que nos ofrece el panorama político, tanto si lo controla, como se dice ahora, una “casposa” derecha, como si lo promete una “suavizante” izquierda que se jacta de tener “ideas y actitudes avanzadas” que también se pueden calificar de casposas por su carácter “lenitivo”, es decir, capaz de “ablandar y suavizar”. Y pare usted de canturrear.

Para pregonar que se tienen ideas avanzadas hay que aportar hechos por aquello de que “obras son amores y no buenas razones”. De nada valen las promesas si no van de la mano de resultados. Hacer promesas es tan fácil como respirar: el problema estriba en cumplir con lo “pro-metido”. El panorama político que nos circunda podría ser ejemplo de promesas mil, que van “quedando en agua de borrajas”, es decir, “en nada”.

¿Verdad que en poco ha cambiado la situación desde los años de Maricastaña a hoy? En lo que atañe al circo, la fiesta puede que se haya dulcificado, en apariencia, un poco por aquello de que no deja mucha sangre. Hoy disfrutamos de espectáculos que aglutinan a una gran masa de personal.

Se han anulado las luchas contra animales feroces pero no entre animales humanos que en determinados eventos desarrollan una conducta feroz “brutal, agresiva, despiadada, cruel” (sic), por lo sádico de su comportamiento. Hoy no se pide la muerte del gladiador vencido pero a veces falta poco para que se haga presente.

La fiesta era la fiesta. Nuestros eventos de masas están, por lo general, más humanizados que aquellos sangrientos encuentros entre gladiadores o con fieras salvajes hambrientas. Es verdad que de cuando en cuando nos visita el terror.

Las carreras de coches o motos han sustituido a las de cuadrigas. No así a las carreras pedestres, entre ellas el maratón que no es romano pero está de plena actualidad. Tanto unas como otras consistían básicamente y siguen con la misma “monserga”, que no es otra que “tener entretenido y lo más contento posible al pueblo”. De ahí la razón de ofrecer el máximo de parranda. A más diversión menor preocupación.

Como botón de muestra un breve repaso por el maratón celebrado en Valencia a final del año pasado. Todos contentos, sobre todo las autoridades pertinentes, ufanas ellas, hablan de una multitud de miles de personas tanto autóctonas como venidas de otros rincones europeos. El evento contó con más de 30.000 participantes, según datos oficiales.

El maratón es una carrera de resistencia con el desafío de correr 42 kilómetros. Valencia es una ciudad normalita en lo referente a su extensión y por supuesto llana. La carrera parte de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Según palabras del director de Strava, Valencia es el corazón del running en España.

Un remate curioso. El poder, sobre todo local, en lugar de prohibir taxativamente fiestas arraigadas, ofrece novedades festoleras que intentan desplazar a las ya existentes. Hay veces que el cambio es fácil pero otras tantas se resiste. El pan ya no suele ser elemento de enganche a la fiesta.

PEPE CANTILLO

11/4/19

  • 11.4.19
La semana pasada circuló por las redes una carta que el Premio Nobel de Literatura, Albert Camus, dirigió a su maestro en noviembre de 1957, en la cual le agradecía lo que había hecho por él cuando era un escolar que malamente podía dirimir si estudiaba o no. Tanto la carta de Camus como la respuesta de su maestro, de las que ya nos hablo Aureliano Sáinz en Educar con pasión, merecen una detenida lectura.



¿Quién es Albert Camus? Simple y llanamente un “pieds-noirs” (pies negros), mote con el que los argelinos señalan a los emigrados a la colonia francesa de Argelia. Nace en la más absoluta pobreza, en el seno de una familia de colonos. Su infancia y parte de la juventud transcurre en Argelia. El tipo de apodo podría ser algo similar al que se le atribuye a los “indianos” por parte de los españoles, con la diferencia de que muchos de estos eran gente rica. Hasta aquí la parte negativa de este genio. Nace en Argelia, 1913 y muere en Francia, 1960 a la edad de 46 años.

Vamos a la cara positiva que por suerte posee. Inteligente y disciplinado, va a la escuela primaria y también cursa Bachillerato. Animado por su profesor de primaria, L. Germain, lee a los filósofos, en especial a Nietzsche. Se gradúa en Filosofía y Letras con la tesis Relación del pensamiento clásico griego y el cristianismo a partir de los escritos de Plotino y San Agustín. La tuberculosis que arrastra le impide dar clases y se refugia en el periodismo y en la creación literaria.

Novelista, dramaturgo, ensayista, filósofo y periodista, su pensamiento navega entre el existencialismo y el absurdismo. Estará muy influenciado por filósofos como Nietzsche y Schopenhauer. En 1957, por su gran aportación literaria, le conceden el Premio Nobel de Literatura.

Es una mente inquieta y productiva. En su haber hay una amplia producción de obras entre novela, ensayos y artículos periodísticos. Como escritor, sus obras más conocidas son La Peste, El Extranjero o El mito de Sísifo. Otras obras que destacan son La muerte feliz, El hombre rebelde o La caída. Sería aburrido citar toda su producción literaria.

En el trasfondo de sus escritos subyace el conflicto entre la búsqueda de un sentido a la vida y la inexistencia de dicho sentido. El esfuerzo realizado para encontrar sentido es de por sí ya absurdo. La solución, que en principio es inexistente, la encuentra en la solidaridad y en la capacidad humana de resistir. La tragedia del vivir se impone a la noción del absurdo.

Algunos detalles significativos de su vida, obras y milagros: mantiene una actitud muy crítica contra el cristianismo y el existencialismo (a pesar de Sartre) porque alejan al hombre de lo humano. Para Sartre, comunista también, “el que critica al comunismo es un perro rabioso”, amén de aceptar sin protestar los millones de muertos causados por Stalin.

Camus abandonará el Partido Comunista por discrepancias en temas como el pacto germano-soviético y pasará a ser un fervoroso partidario de las posturas anarquistas defendiendo, sin duda ni vacilaciones, la lucha por la libertad.

Muere en un accidente de coche. Sobre su muerte parece que hay rincones algo oscuros. Recientemente se ha editado el libro Camus debe morir cuyo autor, Giovanni Catelli, especializado en estudios sobre Europa del Este, trata de desenredar este accidente que parece está relacionado con muchos intereses políticos del momento. La KGB aparece en el punto de mira de la investigación.

Entro en la temática que justifica estas líneas. De la pobreza absoluta consigue llegar a las más altas cotas de la cultura. El recuerdo de su vida escolar es positivo y más aún lo es la gratitud que profesa a su maestro Louis Germain, a quien dedica el discurso del Nobel. Dicho profesor también se siente feliz con el éxito de su alumno.

Toda su corta vida estará marcada por una actividad constante. Crea una compañía de teatro para representar obras clásicas a trabajadores. Como periodista publica Bodas, conjunto de artículos de profunda reflexión. En El extranjero y El mito de Sísifo refleja la influencia que recibe del existencialismo.

Hablemos del maestro. El maestro es quien abre las ventanas del saber para que los escolares puedan otear el horizonte y aprender de las múltiples posibilidades que ofrece la gran parcela del conocimiento.

Últimamente desde la política nos vienen hablando de adoctrinamiento sobre todo a los pequeños. Adoctrinar (infundir) consiste en “inculcar a alguien determinadas ideas o creencias” (sic). "Adoctrinar" es una palabra cargada de manipulación que ahoga la libertad del sujeto y sesga la capacidad crítica.

El maestro no adoctrina, no debe, abre puertas para aprender y, si me apuran, diré que tampoco enseña: solo muestra el horizonte coronado de montañas por escalar. Enseña si queremos aprender, si la curiosidad nos ronda a cada paso que damos por este supuesto valle de lágrimas –la alusión es metafórica, carente de sentido religioso–.

El maestro enseña si desde su atalaya de experiencia y conocimientos atisba el inquieto deseo que nos impele hacia la libertad, si le decimos con la mirada que nos muestre el camino. "Enseñar", "aprender", "educar", "guiar", "orientar"… son verbos que cada sujeto puede asimilar si cuenta con el apoyo de su voluntad.

El buen maestro deja entreabierta la puerta de la curiosidad para que entremos al mundo del saber pero siempre desde la libertad personal. Cuando percibe la capacidad receptiva del escolar entonces se entrega en una maniobra de siembra a voleo. Es un preceptor si queremos aprender a aprender.

Caso contrario pasará por nuestras vidas como una carga impuesta desde fuera por la familia en conspiración con la sociedad, por aquello de que todos tenemos derecho a ir a la escuela –tenemos derecho a la educación entendida como “instrucción por medio de la acción docente” (sic) en el sentido más amplio del término, es decir si queremos aprender–. Según el diccionario, se trata de “adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia” (sic).

Demos un paso hacia lo concreto. Aprendemos Juntos es un proyecto integrado por BBVA, Santillana y El País que nos ofrece, alrededor de la educación, una serie de materiales-charlas-experiencias de profesionales altamente cualificados de los cuales solo cito tres entradas que me parecen muy interesantes.

En este enlace, el doctor Francisco Mora, deja claras dos importantes líneas: la primera está referida a cada persona: “Somos lo que la educación hace de nosotros”. La siguiente cita aporta un alto valor y es contundente: “El maestro es la joya de la corona de un país”. Pura utopía. Los comentarios a estas afirmaciones dan para departir largo y tendido.

En Cuaderno de viaje de un maestro, José A. Fernández Bravo, maestro con larga experiencia, deja todo un mensaje que debemos tener en cuenta. Para cerrar, Nélida Zaitegi pregunta cómo aprende un niño a convivir. Y responde: "Conviviendo". ¿Perogrullada? Respondamos después de oír por dónde van los tiros. Añade que “debemos ayudar a que los jóvenes sigan subiendo escalones en la humanización para conseguir una sociedad mejor”.

Por desgracia, entre nosotros el docente (maestro o el profesor) está poco valorado. Leyes partidistas, padres (entro)metidos a profesores, políticos metidos en berenjenales que no les corresponden, hacen que los docentes cada día que pasa tengan mal cartel. ¿Motivos? Se podrían aludir multitud de ellos que van desde la lástima al no aprecio (¿desprecio?). Los resumo en breves líneas que corren entre nosotros.

Tiempo ha, al maestro se le tenía lástima con aquello de que “pasas más hambre que un maestro de escuela”. De la lástima hemos pasado a cierto desprecio con otra frase que también ha hecho historia: “trabajas menos que un maestro de escuela”. ¿No hay respeto? Hay que resaltar que la autoridad del maestro está muy carcomida por aquello de que su labor no está reconocida. Menospreciarlo delante de nuestros hijos es un error.

Para terminar, me referiré a El maestro es el niño, un documental sobre la Pedagogía Montessori, por si nos puede ayudar en algo, máxime si tenemos algún retoño que deba ser escolarizado el próximo septiembre. Y cierro con una frase significativa de Camus: “Buscar lo que es verdad no es buscar lo que uno desea”. La verdad hay que buscarla a pesar de que pueda ser dolorosa.

PEPE CANTILLO

28/2/19

  • 28.2.19
Parto de unos titulares significativos. “No es lo que yo diga, sino lo que tú quieras entender: así se coloca un bulo en Internet. Los medios no se dedican a informar, sino a influir en la opinión pública. Solo hay que ver quiénes son los propietarios de los medios y sus vinculaciones con partidos políticos y grupos de presión”.



Si se quiere tener un criterio de la realidad hay que acudir a otras fuentes. Otra noticia más sobre el tema. “La (inquietante) tendencia a informarse solo a través de las redes sociales. Cada vez más gente elige informarse a través de las redes. Con el auge de las noticias falsas, estar al día a través de plataformas como Facebook puede ser un arma de doble filo”.

Nos movemos en un mundo –el entramado de la información, en general– que cada día nos confunde más con mentiras, bulos, chapuzas. No voy a descubrir América y sí dar algún toque sobre un territorio, el de la información veraz o falsa, bastante confuso.

Razones. No interesa que pensemos. De dichas noticias solo se leen, por lo general, los titulares y con ello ya hay información suficiente, piensa el lector y para ese cometido ya tenemos a los que cuelgan información confusa o falsa. La proliferación de noticias falsas nos mantiene en cierta actitud de alerta y “hoy la gente solo escucha opiniones que refuerzan lo que ya cree”. Solo quiero noticias que refuercen mi ideario.

Como antídoto se requiere una capacidad crítica ante dicha información. La lectura crítica es activa y requiere capacidad analítica y reflexiva para descubrir las ideas y la información que aparece en la red. Es el paso previo para conseguir un pensamiento crítico porque la única información que puede aceptarse o rechazarse es aquella que se ha leído y entendido en la mayor amplitud posible.

Si “la mentira y la verdad no pueden vivir en paz” algo debe tener la mentira para ser vituperada de tal manera. La mentira es “la expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente”. A veces dicha falsedad podemos suavizarla diciendo que es una “mentira piadosa” para evitar a alguien un disgusto o una pena, pero por muy piadosa que sea, no deja de ser un fraude el cual siempre sale a la cara.

Euskal Irrati Telebista (EiTB), Radio Televisión Vasca, “ha puesto en marcha una campaña ('inFORMAZIOA') de información contra las noticias falsas, y ha desarrollado un decálogo o guía para detectarlas en Internet y redes sociales.

Aunque nos parezca mentira, expresión que utilizamos para remachar algo que hemos dicho, la mentira gusta y atrae más que la verdad. ¿Debilidad humana? La dicotomía verdad-mentira está muy presente en nuestro mundo.

Si acudimos al diccionario, el término "dicotomía" nos sorprenderá con dos definiciones. “División en dos partes” es la primera que ofrece. La segunda acepción que aparece me ha sorprendido. Define "dicotomía" como “la práctica condenada por la recta deontología, que consiste en el pago de una comisión por el médico consultante, operador o especialista, al médico de cabecera que le ha recomendado un cliente” (sic). No pretendo vituperar a los médicos. Tal definición es extensiva a otras profesiones. En síntesis, manifiesta que la recomendación de alguien puede tener una praxis poco ética.

La mentira es capaz de movilizar sociedades y cambiar gobiernos. Se ha convertido en el negocio más rentable en tiempos de “posverdad” palabra que se usa en español desde 2004. Vuelta al diccionario.

“Posverdad” (en inglés, post-truth) es definida como “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Y añade el siguiente ejemplo “los demagogos son maestros de la posverdad”, que ya es significativo.

Para entender algo más recurro a demagogia: “práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular” la segunda definición apunta a “degeneración de la democracia”. Posiblemente la palabra "democracia", que encierra en sí libertad, igualdad, solidaridad, convivencia, paz, sea la palabra más prostituida de los últimos años.

En las redes sociales (antes correo electrónico) se mueve spam con publicidad, códigos maliciosos con virus, fraudes para modificar tendencias y opiniones, trapicheados por usuarios falsos. Tipo de prácticas nada éticas pero que entran en la legalidad aunque su actuación sea dudosa, por no decir mala.

¿Qué hacer? Desconfiar venga de quien venga si el perfil nos parece anormal. Nos tienen localizados y por eso nos machacan con “cookies” o identificadores en el navegador cuando entramos en dichas páginas. Así conocen hábitos de navegación, qué has buscado y hasta se recochinean recordando dónde vives y que dicha información la visitaste hace dos días.

La “vox populi” (no VOX) dice que en las redes sociales está todo el mundo; que dichas redes están para ayudarnos y por eso se buscan en ellas soluciones; que son la solución a muchos de los problemas que podamos tener. Estas y otras afirmaciones son falsas. Lo único claro es que encontramos en ellas verdades y mentiras sobre lo que dicen y lo que ofrecen.

Las noticias falsas (fake news), bulos, mentiras... crean alarma innecesaria y dan pie a una manipulación descarada. Dichas falsedades abundan en las redes sociales, pues éstas juegan un papel importante en el asunto. Crear alarma social era relativamente fácil, ahora lo es aún más. Antes si querías que algo verdadero o falso corriera de boca en boca bastaba con decir “te cuento un secreto, pero promete que no lo dirás a nadie”. Secreto contado, secreto publicado.

Son un tipo de noticias cuyo objetivo es confundir, desinformar para poder influir en las decisiones que podamos tomar en un determinado asunto y manipular mejor la opinión del personal. No tienen empacho en dañar (infravalorar o sobrevalorar) tanto a personas como a entidades públicas o privadas.

¿Cómo reconocer las “fake news”? Suelen ser anónimas, no citan fuentes, ni indican fecha pero piden que difundas el mensaje. Suelen intentar camuflarse en un medio de confianza que si no lo conoces hay que desconfiar. Suelen simular la web de medios de prestigio. El texto contiene faltas de ortografía y abuso de mayúsculas, así como falta de los signos ortográficos. Las “fake” remachan la exclusividad.

Dato en contra: una noticia importante debe aparecer en varios medios. Hay que actuar con sentido común y no compartir algo que sería demasiado bueno para ser real o que nunca lo firmaríamos, o lo que es aun peor ofenden y maltratan la dignidad de las personas. Claro que en esto último parece que nos da igual. Las fake news buscan crear confusión, influir sobre las decisiones personales y dañar o dar valor a la imagen de personas, sobre todo políticas y a entidades o instituciones.

Ejemplo de manipulación y falsedad. Uno de cada tres bulos que circulan por Internet es sobre salud. La razón de este alto porcentaje es, hasta cierto punto, lógica. ¿Quién de nosotros, ante una dolencia, no entra en Internet buscando información sobre la misma. Y así “Doctor Google nos mete al médico en casa” y está haciendo mucho daño.

Si utilizamos el anglicismo “fake news” parece que hemos inventado la pólvora que hace mucho tiempo está entre nosotros. Ya ocurre con los eufemismo que manejamos a menudo para sorprender dando a entender que estamos al día y muy bien informados.

Otra vía curiosa que puede degenerar en maligna. “¡Crea tu broma ahora! Crea tu noticia falsa y engaña a todos tus amigos. Puedes compartir la noticia en cualquier red social. ¿Qué esperas para empezar?”.  No está mal… hasta nos incitan a colaborar. Sigo desgranando la información.

Insertan un aviso legal que dice: “Este es un sitio de entretenimiento, las noticias son creadas por los usuarios. Son noticias humorísticas, de fantasía, ficticias, que no deben ser tomadas en serio o servir como fuente de información. A la derecha aparecen unos “Tips (recuadros) para tu broma”. Ser creativo. No bullying. Elije un título atractivo o una imagen (libre de uso). Prohibido chistes racistas, homófobos o pornográficos”. No está mal pero…, “del dicho al hecho hay un gran trecho”, apunta mi desconfianza.

PEPE CANTILLO

14/2/19

  • 14.2.19
Hasta las broncas o peleas más insignificantes se han convertido en virtuales. Oír la siguiente expresión ya no nos causa sorpresa, aunque lamento decir que no tengo claro que la persona que la dice sepa el alcance e importancia de la misma. La prepotencia del yo virtual dice y se queda tan pancha: “he bloqueado a fulano o mengano en WhatsApp”.



Suponiendo que dicho bloqueo sea por incompatibilidad de opiniones, creencias, ideas, ideología, supone una bronca entre ambos, o si lo prefieren una desavenencia por un choque frontal de ideología (las mas de las veces) que se hacía cara a cara (era necesario dar la cara) y ahora se hace a distancia y en ausencia del otro. Ventajas de Internet (¿?). ¿Dónde quedó ese valor llamado responsabilidad que engrandece a la persona? Asumir la responsabilidad es sinónimo de madurez personal.

Todos los humanos somos a priori, merecedores de un elemental respeto por el simple hecho de ser personas. Esta afirmación empieza a sonar a chino para muchos sujetos. Unos, por menospreciar a todo ser viviente; otros, por sentirse superiores a los demás. Prueba de ello son esos engreído sujetos que miran por encima del hombro sin más razón que la de humillar a los demás. El ególatra es un modelo de lo dicho hasta ahora. En su momento diremos algo sobre ello.

¿Motivo? Puede que no lo haya pero sí vuela por el aire de nuestra sociedad la queja de que solemos ser, en general, bastante maleducados, que faltamos a la más elemental consideración hacia el otro ya sea mayor, mujer u hombre, niño o niña. ¿Por qué? Las razones serán múltiples, importantes o baladíes, pero la realidad es la que es. De vivir en un mundo global estamos retrocediendo a la aldea rural.

Toda persona merece respeto, pero ¿cómo infundir, enseñar esta idea a nuestros hijos? El papel más importante y por tanto básico en esta parcela lo jugamos los mayores, es decir los padres. Si en el hogar familiar se siembra respeto, seguro que brotará afecto, deferencia, tolerancia, cortesía; si en el entorno familiar se vive rodeados de violencia, desprecio, insolencia hacia cualquiera de sus miembros, dicha conducta inmediatamente saltará al exterior.

Y ¿la escuela tiene algo que decir y hacer en este tema? Indudablemente sí, como tarea complementaria al comportamiento dentro del ámbito familiar. La flor de la cortesía, de la buena conducta es básicamente misión de la familia. La escuela reafirmará el cultivo de la tolerancia emanada de la labor familiar siempre y cuando la familia tenga fe en esa organización docente a veces tiroteada y asesinada.

No puedo olvidar y sentir cierto temor por el sesgo que va tomando el tema de la educación escolar arrastrada, desde y por la política miope, hacia un adoctrinamiento sectario y excluyente. Cualquiera diría que estamos en camufladas tiranías sociales. Todo es posible. Si partimos de la exclusividad dogmática, camino de una dictadura, pronto viviremos en guetos no muy distintos a los que ya permitieron circunstancias segregacionistas. Hecho este paréntesis, vuelvo a la idea principal.

Están cayendo en desuso conceptos como “buenos días”, “por favor”, “gracias”, “disculpe”, “perdón”, detrás de los cuales subyacen unos valores importantes para la convivencia. Si das las gracias por algo te miran cual bicho raro. Perdón “como fórmula de cortesía para pedir disculpas” (sic) por algo que hemos hecho mal nos ennoblece ante el otro. Pero… no está de moda. El tuteo se ha impuesto a ese rancio “usted” hasta tal punto que te suelen mirar extrañados cuando lo usas.

Una matización. La palabra “perdón” la estamos utilizando como una simple muletilla carente del matiz de disculpa que encierra en su significado. Me viene a la cabeza ese alegre “scusate” de los italianos mientras te empujan para poder pasar. Nosotros ya ni nos molestamos en pedir disculpas.

Entre nosotros excusar indica “no querer hacer algo” y por ello usamos ese “¿perdone?” con cierto retintín. Pedir perdón, dicen, es una manera de humillarse ante el otro y yo no tengo por qué rebajarme ante nadie. ¿Tendríamos que estar de acuerdo, a priori, con este pensamiento siempre que uno mismo se crea más importante que los demás? No creo.

La postura contraria, y que defiendo, es la capacidad de ponerse en el lugar del otro que bien podemos entender como empatía, la cual engloba “la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos” (sic). La persona empática sabe escuchar para ser capaz de entender e incluso comprender al otro, lo que no significa estar necesariamente de acuerdo con su pensar.

Me refiero a la generosa educación de ser capaz de elogiar los actos amables del prójimo para lo cual hay que ser rico en generosidad y tener amplitud de miras. El egoísmo nos convierte en cegatos, cicateros y anormales. Alguien puede pensar a la vista de estas consideraciones que vivimos en un mundo completo de anormales… Puede que sí, que haya más cegatos y cicateros que personas liberales y dadivosas.

El cicatero (“agarrado”, solemos decir) es alguien mezquino que escatima lo que debe dar. El cegato es corto de vista o, si quieren, de vista escasa; si lo prefieren, diremos que tiene poca vista, es decir no es capaz de calibrar a largo plazo los beneficios que puede recibir de una determinada acción. El tacaño, amén de escatimar, engaña con disimulo sin que le importe el daño que pueda ocasionar. Miente cual bellaco villano “que engaña con sus ardides y embustes” (sic).

Creo que, en justicia, conviene aclarar que se notan mas los agarraos que los dadivosos por la simple razón de que las personas rumbosas no van pregonando sus proezas. Es decir, no dan tres cuartos al pregonero para que propague sus acciones. “Dar tres cuartos al pregonero” puede tomarse en sentido positivo y también negativo.

En sentido positivo, el pregonero era un empleado público que voceaba a las cuatro esquinas de un pueblo las noticias importantes y avisos de interés público. Dicha figura ya existía en la época romana. Eran los encargados de convocar al personal para asistir, por ejemplo, a las reuniones del Senado; también podían anunciar venta de productos o mandar callar al personal en las ceremonias.

“Dar tres cuartos al pregonero” tiene un sentido peyorativo si se refiere a que era mejor callar y mantener dicha información en secreto porque no es conveniente difundirla por razones sociales o políticas. Tal información puede ser pública o privada.

En algunos lugares se mantiene la actividad del pregonero como recordatorio, para anunciar un evento concreto. Por ejemplo, en Zamora, el inicio de la Semana Santa se pregona por destacadas personalidades. No hace falta ir tan lejos.

En Montilla, mi ciudad natal, desde hace tiempo viene siendo tradicional y a cargo de notables personas el pregón de Semana Santa o el pregón de la Fiesta de la Vendimia y, haciendo una pequeña cavidad, insertamos las Sentencias Romanas de la Centuria Romana “Munda”. Está claro que el pregonero citado en este tipo de pregones ya no va con trompetilla, de esquina en esquina.

Es obvio que en la actualidad dicho oficio carece de sentido. Hoy los distintos medios de información actúan de pregoneros, sobre todo los informativos. ¿Para mantenernos informados? Perdonen que dude de ellos. Las noticias son seleccionadas y tamizadas según la ideología y las conveniencias.

Si a ello añadimos noticias a medias con medias verdades, amén de la mentira piadosa que “se dice para evitar a otro un disgusto o una pena” (sic). ¿Seguro? Más bien habría que decir para llevarse al huerto al personal con lo cual la mentira piadosa solo es una facha-da falsa. Mira por donde, “facha” da para caminar por una y otra acera de la ideología (facha-da de derecha e izquierda). Recordemos que la calle tiene dos aceras marcadas según el sentido de la marcha.

Dicho esto nos topamos con el término de moda, “fake news” (noticia falsa, bulo) cuyo objetivo es desinformar para confundir al personal. Ya hablaremos de esta “jodida” y “zafia” artimaña, adulteración más importante de lo que pudiera parecer.

PEPE CANTILLO

31/1/19

  • 31.1.19
Dilema comunicativo: ¿un teléfono “tonto” o un superinteligente smartphone? El llamado teléfono “tonto” (Light Phone) aparece en 2015 con la intención de ayudar a escapar de las redes sociales a quienes se sientan atrapados en ellas. La misión de dicho teléfono es buscar salidas para desintoxicar al personal.



“El Light Phone 2 solo puede realizar y recibir llamadas, intercambiar mensajes de texto, configurar alarmas y poco más. Nada de juegos ni redes sociales”. El precio de salida al mercado fue de 100 euros frente a los superaparatos smartphones, que cuestan un riñón. ¿Por qué llamarle “tonto”? Porque su uso es limitadísimo.

La adicción a las nuevas tecnologías, sobre todo a los llamados smartphones, crece y engancha al personal a velocidad de vértigo. Según datos del Google Consumer Barometer Report, en la actualidad, el 81 por ciento de españoles utiliza un smartphone. ¡Ojo al dato!

El enganche a la locomotora móvil parece ser que se inicia a edad muy temprana. Por ahora dicen que a partir de los 10 años. No es de extrañar, puesto que es alucinante ver la facilidad con la que manejan dicho aparato hasta personajillos de 2 o 3 años y que aun no levantan un palmo del suelo. Y, además, nos hace gracia. No estoy exagerando.

La mayoría del personal, en este caso habría que señalar a la tropa formada por los más jóvenes según los entendidos en el tema, está experimentando una “zombificación” alarmante. Dicen las estadísticas que el uso del móvil suele acaparar nuestra atención más de cinco horas diarias. ¿Tan importante y necesaria es esta simulada actividad?

Desglosemos un poco este uso. Suena el pajarito y nos ponemos manos a la obra. Es desesperante ver cómo se pierde el tiempo con improductivos desplazamientos por la pantalla para ver unas viñetas. Digamos que unas son curiosas, otras simplonas; las más de ellas, ajenas a nuestros intereses.

Siempre que el trino del pajarito guasapero avisa de la recepción de algo (ni bueno, ni malo, ni útil; a lo más, innecesario) el fisgoneo explota y hay que ver qué tripa se ha roto con ese trino. ¿Realmente estamos comunicados? Creo que no, puesto que este tipo de viñetas dicen poco. Como mucho, algunas son curiosas. La realidad es que sigo sin saber nada de ti salvo que haga una llamada de voz.

Los bulos corren a sus anchas por las redes y para que no te desenganches ni te aburras, te invitan a que pases los datos a “X” contactos y así contribuirás con tal o cual causa. Como curiosidad, desde este enero que agoniza, WhatsApp ha limitado el número de reenvíos masivos del mismo mensaje de 20 a solo cinco usuarios. El grave final del niño caído al pozo ha dado comida basura para todos los gustos.

Hace tiempo que vengo dando alguna información sobre el uso de Internet y, más en concreto, sobre la dependencia-esclavitud del móvil. En su momento escribí algunas cuartillas. Cito dos artículos que rondan bastante el tema de hoy.

Síndromes de nuestros tiempos. Entresaco una frase de dicho artículo “Cada vez nos pica más la agobiante necesidad de revisar el móvil. Tal adicción es un problema que va adquiriendo proporciones alarmantes según alertan varias fuentes de investigación”.

La vibración fantasma del móvil consiste en sentir que el aparato vibra, incluso que ha sonado, añado yo, aunque tales circunstancias sean falsas. La reacción inmediata es comprobar si dicha función se ha puesto en marcha o solo es una sensación fantasma en el cerebro de quien la percibe.

La dependencia ha venido y nadie sabe cómo ha sido. Va a ser que no. Ya está en el aire el aviso de tan nefasta dependencia. Los especialistas (psicólogos) hablan de síndromes varios relacionados con los teléfonos móviles. La nomofobia, la vibración fantasma, el síndrome del chequeo constante y algunos más.

Hoy pretendo, de la mano de Marc Masip, reflexionar sobre el tema y abrir puertas por si queremos volver a ser comunicantes independientes. En el libro Desconecta, cuya lectura vuelvo a recomendar, el psicólogo Marc Masip, experto en adicciones, deja claro que “el móvil es la heroína de nuestra época” y para rematar más el tema apunta que “España es el país europeo con más adicción adolescente a la Red”.

¿Soluciones? Propone una “dieta digital” para desengancharse. Parafraseo parte de su información. Tomando como punto de partida casos reales de su consulta, nos invita a indagar en qué nivel de dependencia estamos. Ello supone proponerse determinadas pruebas para confirmar la adicción, saber si el uso que hacemos del móvil es adecuado o nos tiene enganchados a más no poder y buscar salidas a la situación.

Quede claro que dejar de usar el smartphone por arte de birlibirloque sería un milagro. Caso de no poder desengancharse solos, aconseja pedir ayuda. Su propuesta de “dieta digital” queda reflejada en los consejos que ofrece al final de cada capítulo.

El libro trata de que el lector sea capaz de identificarse en las diversas maneras que tiene de usar el móvil. Mejorar la relación personal con la tecnología para disfrutar de tiempo libre, para optimizar la relación con la familia y el entorno. Ser más autónomo.

Afirma que “si siento nerviosismo por estar sin móvil, tengo un problema”. Sobre la adicción al móvil dice que “si no es una enfermedad médica, es una enfermedad social”. Por ello propone un teléfono “tonto” frente a un superteléfono. Recomiendo la entrevista que le realizó Jordi Évole en Salvados.

El móvil va con nosotros a todas partes: es más, se ha convertido en un elemento más de nuestro atuendo. Está a mano, como el Avecrem, mientras comemos, lo paseamos solos y/o acompañados. Si no debe sonar, vibra insistente llamándonos la atención. Puede que en más de una ocasión aborte un gesto cariñoso para con nuestra pareja. Puede que nos haga cortar un seductor morreo. Exclamar “¡un momento!” porque suena el móvil debe ser “capante” para él o para ella.

Cuando se está muy enganchado nos acompaña al cuarto de baño, solemos dormir con él y hay quien se despierta por la noche para mirarlo. Lo miramos minuto sí, minuto no estando con alguien. Todo lo anterior se reduce a lo que los entendidos llaman Síndrome del Chequeo o que padecemos “tecnoestrés”.

Vamos, que habría que someterse a una dieta de desenganche para soltar algunos kilos de dependencia. ¿Y eso cómo se consigue? No queda más remedio que hacer dieta. ¿Desconexión total, uso razonable pero limitado…? Indudablemente, desconectarse va ligado a circunstancias personales muy concretas.

Una dieta de móvil puede llevarse a término con ganas y algunas sugerencias que sean de utilidad para el cometido propuesto. Por ejemplo, poner el móvil en silencio y por mucha hambre que tengamos solo consultarlo pasado el tiempo que hemos marcado.

Organizarnos el sonido entrante con un tono concreto para llamadas importantes, bien de la familia o de trabajo es importante. El resto de otros posibles tonos se desprecia hasta haber cumplido el tiempo de abstinencia. Si la voluntad aun no está machacada (falta de voluntad), ignorar la llamada suele ser conflictivo pero se puede conseguir.

Podría entrar en juego el darse un premio al final del bloqueo. Lo más eficaz y efectivo para evitar el uso compulsivo sería dejarlo en casa pero dicha opción es fuerte si somos muy dependientes. Lo más drástico es apagarlo durante un tiempo determinado pero esta alternativa puede ser difícil de llevar a término.

El pajarito guasapero incita, presiona para que miremos la curiosidad de turno que acaba de entrar. La solución repito, sería desactivarlo y ponerse un tiempo concreto para activarlo de nuevo. Esto es como pasar por la pastelería y se te salen los ojos de órbita ante ese pastel que te encanta. Decir "paso" es toda una proeza.

Lo ideal sería hacer ayuno digital durante algún tiempo (horas, medio día, día entero) de todos los elementos. Pero repito que dicha adicción no es algo pasajero ni fácil de controlar. ¿Nos hemos cuestionado por la cantidad de chorradas que circulan por la red?

La información que antecede está comparada con un dieta alimentaria o, si quieren, con el hábito de fumar o de beber más de la cuenta. En cualquiera de dichas circunstancias será la voluntad la que mande. Siempre he defendido que este tipo de actividades solo se dejan de verdad por motivos sexuales (¿¡?). Traducido a un lenguaje vulgar: los machos, por cojones; y las hembras, por ovarios. Querer es poder…

PEPE CANTILLO

17/1/19

  • 17.1.19
El asunto de las nuevas tecnologías, y sobre todo el uso del teléfono móvil, está dando mucha cancha tanto para bendecir sus ventajas como para maldecir sus inconvenientes. Entramos en la dicotomía de lo supuestamente positivo frente a lo supuestamente negativo que dicen sus detractores.



Es un hecho que WhatsApp, Twitter…, con sus posibilidades de supuesta comunicación, van muy por delante de la educación-instrucción que pueda ofrecer la escuela. Esto en principio no es calificable ni de bueno ni de malo: simplemente, las nuevas tecnologías están presentes con sus posibilidades y de nosotros depende sacarles el mejor partido.

Hasta ahora solo hemos oído cuestiones negativas con respecto al uso de los móviles. Dicho aparato es muy joven pero ha crecido a velocidad de vértigo. Por desgracia, lo negativo que se pueda obtener de su uso es lo que más resalta.

Negar la realidad, a largo plazo nos traerá más problemas que ventajas. Si no puedes controlar a “tu enemigo, únete a él”. Lo de enemigo viene porque una actitud de cierre ante las TIC, sobre todo ante el móvil, solo nos traerá problemas. Imaginemos que dicho aparato es un “animalejo” que tenemos que domesticar antes de que se nos escape del control de uso y los daños puedan ser cuantiosos. Dichos daños ya están presentes.

¿El uso del móvil es bueno? ¿Malo? ¿Indiferente? A clase con el móvil: ¿sí o no? La cuestión, a priori, es más bien complicadilla. Se hace necesaria una serie de requisitos que pasan por múltiples escollos no fáciles de eliminar. Empecemos por las dificultades.

Un país como Francia ha prohibido rotundamente el móvil dentro del recinto escolar. Está claro que ante este planteamiento no hay ni posibilidad de intentar ver si el uso del mismo en clase (en algunas materias) podría dar juego, puesto que la puerta de entrada queda cerrada. Argüir la “libertad de cátedra” en este tipo de material no sería fácil por razones obvias.

Otros países se niegan a usarlo dentro de clase. En España, la voz de la familia ya se ha dejado oír con el no al uso del móvil en clase. ¿Negativa por razones claras, trabajadas y pensadas o simplemente hay que seguir a Francia? Papanatismo frente a chovinismo.

Demos un paso más para desenredar esta madeja en la medida de lo posible. Profe, dame clase con el móvil era el título de un artículo de El País de hace ya dos años. “España empieza a impulsar proyectos pedagógicos que usan los teléfonos como una herramienta más del aula”. Tales proyectos y algunos más siguen adelante.

Dicho artículo apunta varias dificultades a tal exigencia. Entresaco algunas ideas del mismo: “Hay serio riesgo de que crezca la brecha digital y aunque su uso está muy extendido, hay familias que no podrían pagarlos, sobre todo los de última generación. ¿Solución? ¿Recurrir a “ayuda pública”? El asunto pecuniario es una de las barreras que apunta el artículo para el uso del móvil en el aula. A esto habría que añadir el aumento del gasto por consumo. El asunto pecuniario es otra barrera.

No todos los centros escolares están preparados en cuanto a cableado, así como en cobertura. Sin comentario a esta dificultad. No uso el concepto “deficiencia” puesto que la adaptación de la escuela a “los nuevos tiempos” y tecnologías queda en el aire.

Hay que decir sí al uso del teléfono en clase, sin prisa pero sin pausa. Pero para la puesta en marcha del mismo no basta con decir solo "¡adelante!". Hay que preparar un proyecto, analizar los pros y los contras e introducirlo en las materias adecuadas.

Los expertos advierten de que móvil, ordenador y tabletas son herramientas a las que se le puede sacar rendimiento, usados debidamente. Aceptar dichos planteamientos didácticos “debe ser parte del Proyecto Educativo de Centro, tiene que contar con las familias, además de disponer de redes adecuadas y las condiciones de seguridad necesarias”. No basta con que un profesor quiera usar la tecnología por su cuenta, senda que se podría intentar en caso de una oposición general.

¿Están los profesores preparados para esta iniciativa? Unos sí, otros puede que no, amén de que dicho tema tiene sensatos defensores y tozudos detractores (esperemos que de momento). ¿Por qué de momento? Hacer cambios drásticos, y éste lo es, aglutina a muchas personas que, en principio, podrían negarse (oponerse) por varias cuestiones. Cierto que hay también parte del personal para los que dicha innovación es fácil.

Pregunta a dos bandas: detractores y seguidores, ¿ayudarían los móviles al rendimiento escolar? No lo sabremos si no los usamos. Tampoco podemos dilatarnos deshojando la margarita porque en este terreno lo novedoso de hoy ya es viejo.

Un planteamiento interesante: ¿Hay que prohibirlos por miedo al ciberacoso? Esta pega carece de sentido, por desgracia. Tal problema es una realidad en los jóvenes más mayores y seguirá su camino. ¿Cómo controlarlo? Complicado asunto que merece una explicación aparte, donde deben intervenir profesores y especialistas (pedagogos, psicólogos…). Dicho acoso no se incrementará ni dejará de producirse porque el móvil se utilice en clase. Es mi opinión y puedo estar muy equivocado.

Oportunismo por parte de algunas marcas. Vender o no vender más aparatos sería su excusa. Google Expeditions está detrás de estas iniciativas. Según datos consultados, la multinacional visitó una veintena de centros de España para familiarizar a docentes y alumnos con el proyecto. ¿Intereses de progreso? Esa es la careta ofrecida por fabricantes-vendedores de móviles. Samsung también apoya este tipo de proyectos. Lógico: “La pela es la pela…” y estas empresas no trabajan por amor al arte.

Un dato importante al margen de la escuela (aunque no queda lejos de ella). Un detalle que es posible que nunca nos hayamos planteado: los móviles están constantemente bombardeados para que se les instalen una serie de actualizaciones que te dicen que son necesarias para un mejor funcionamiento. ¿Cuál es la pega o el secreto-clave? Dichas instalaciones saturan pronto el telefonito, con lo que el usuario queda fuera de juego. ¿Solución? Hay que cambiar a un teléfono mejor, más moderno, con más capacidad… Bla, bla, bla.

Hay centros, expertos y profesores que creen que se puede enseñar con móviles igual que con el libro, la pizarra o una película. No se me ocurre negarlo, puesto que las facilidades y posibilidades para acceder a la información son muchas y las tenemos al alcance de la mano. Doy fe de que las películas dan resultado.

Lo mismo que es sabido y conocido que dichos aparatos, TIC en general, desarrollan toda una serie de competencias y facilitan el aprendizaje, potencian la autonomía y por supuesto el trabajo en equipo, cuestión ésta que es de vital importancia para la escuela de un futuro que empezó hace tiempo y que en nuestro país llegamos con retraso a ella, como a otras tantas cosas.

La tecnología ya ha llegado a las aulas, pero a menudo la pedagogía que se usa aún le da la espalda. Todos los soportes valen para dar a esta herramienta el mejor uso educativo, o tal vez no, dicen los detractores. La Fundación Santillana reúne en un seminario en Colombia a expertos en el sistema educativo latinoamericano.

Siete razones por las que se debe encender el móvil en clase. Titular de El País cuyo contenido cito lo más resumido posible al final de esta columna. La información es vieja y, en este terreno, aun más. Además, cierro estas líneas con dos referencias que se deben tener en cuenta. No quiero confundir a nadie. Cito la carta de un profesor uruguayo que renuncia a seguir luchando contra los móviles en clase. Derrotado, tira la toalla: “Me cansé de luchar contra móviles y WhatsApp. Me rindo”.

La siguiente cita abre otros interrogantes. En el libro Desconecta, cuya lectura recomiendo, el psicólogo Marc Masip, experto en adicciones, dice: “El móvil es la heroína de nuestra época” y para terminar de rematar el tema apunta que “España es el país europeo con más adicción adolescente a la red”. Propone una “dieta digital” para desengancharse. El tema queda abierto.

Siete razones por las que se debe encender el móvil en clase
  1. El alumno lleva toda la información encima.
  2. La clase ya no es el único lugar donde se aprende.
  3. El profesor sabe usar la tecnología como el alumno (mejor sería lo ideal).
  4. La transformación de la educación con la tecnología tiene tres patas: los recursos digitales con los que se dota al aula y a los alumnos (pizarras digitales, ordenadores), el seguimiento del profesorado y un currículo digitalizado.
  5. Los profesores ya no van a cursillos para que les enseñen a usar la tecnología.
  6. El gasto público en tecnología crece, a pesar de que baja el gasto en educación.
  7. Se ha creado la figura del “Coordinador Tec” en los centros como responsable y supervisor del uso de dicha tecnología. Hace un seguimiento del profesorado y de la adaptación del currículo.
PEPE CANTILLO

3/1/19

  • 3.1.19
No es la primera vez que hago referencia al mundo de los viejos, esas personas mayores que poco a poco van diluyéndose en un laberinto de dificultades, soledad, o bien son utilizados para apuntalar la economía de los hijos, o para cuidar de nietos.



Somos un país donde abunda la población de personas viejas. Parte de dicha población es útil y otra parte no está en condiciones físicas y/o psíquicas y termina en residencias. Más de 300.000 están viviendo en 5.000 residencias. El número es bastante crecido y los problemas que conlleva dicha situación son múltiples. Uno de ellos es la soledad.

Sugiero algunas alternativas que podríamos activar aunque suenen a perogrulladas. La soledad se amortigua y se puede casi reducir compartiendo nuestro tiempo con los demás. Cultivar las relaciones con los demás, ya sean conocidos de siempre o añadidos nuevos, es importante.

Un enemigo mortal es el aburrimiento que puede contrarrestarse estando receptivos a aprender cosas nuevas. Vivir en una residencia (“asilo”) no debe significar desaparecer. Y es muy importante forzar, hasta donde sea posible, la relación familiar. La ruptura con la familia (hijos, nietos y demás), amén de incrementar la soledad, aumenta la amargura, el desengaño y la frustración.

Recuerden que antes se les llamaba “asilo” donde dichas personas mayores (viejos) eran acogidas, bien porque estaban solas, bien porque les envolvía una situación de pobreza agobiante. La definición de asilo hace referencia a “establecimiento benéfico en que se recogen menesterosos, o se les dispensa alguna asistencia” (sic). Los susodichos asilos eran casas de caridad regentadas por monjas.

La subida de algunos escalones de bienestar, dejando algo alejada la pobreza, dio paso a las “residencias para mayores”, concepto más ostentoso donde vegetan muchas personas que o estorban en casa de los hijos o tienen algo de dinero que les permite vivir “medio independientes”. Repito que la soledad es, en la mayoría de casos, el estigma que acompaña dicho vivir hasta que la parca Átropos llegue a recogernos.

Ante tal panorama surge una iniciativa que intenta paliar, en la medida de lo posible, dicha situación. Así nació hace cuatro años el proyecto Adopta un Abuelo, programa intergeneracional de acompañamiento a la tercera edad.

Dicha oenegé nace en 2014 en Ciudad Real desde donde se extiende, poco a poco, por el resto de España. A finales de 2018, la organización estaba activa en 50 ciudades del país. La actividad del voluntariado se desarrolla en parejas. Uno de los objetivos es aprender de los conocimientos y experiencias del abuelo adoptivo.

La idea base de esta organización, según su página web, pretende conjuntar a ese abuelo o abuela, que las circunstancias los dejaron en el sillón de la soledad, con jóvenes que, al adoptar a dicho abuelo para hacerle compañía, comparten tiempo, entretenimientos y experiencia. La finalidad de “adoptar un abuelo es hacer que se sientan acompañados y queridos”, gracias a la generosidad de dichos jóvenes.

La iniciativa empezó tímidamente porque su creador no estaba seguro de si los jóvenes estarían dispuestos a regalar su tiempo. “Decidí crear una web para ver quién querría participar en la iniciativa y mi sorpresa fue que se registraron cientos de jóvenes en unas pocas horas, así que me decidí a hacer el proyecto piloto”.

El fundador del proyecto se llama Alberto Cabanes y “ha sido nombrado Global Fellow 2018, junto a otros 19 jóvenes de todo el mundo por la contribución social y el impacto mundial de sus programas de emprendimiento”. Hoy el programa se desarrolla en 50 ciudades españolas. El vídeo adjunto explica el nacimiento y parte de la actividad que realiza dicha organización.



El voluntariado con el que cuenta de momento es de 650 personas que acompañan a 325 mayores. Una de sus normas es que cada adoptado esté atendido por dos personas y es clave para la actividad el ganarse la confianza de esas personas mayores.

Rizando el rizo ¿por qué abuelo y no mayor? Políticamente, "persona mayor" quedará bien pero convendrán conmigo en que decir “abuelo” (“agüelo”) sugiere cariño, generosidad, mimos y algún que otro capricho, mientras que persona mayor es un término frío, difuso, dado que se le ha quitado la sensibilidad que envuelve al abuelo o abuela.

Insinúa cuatro razones que considera vitales en el desarrollo del programa. Valorar a los demás, responsabilidad, paciencia y aprendizaje son parte del cometido. En el proceso de adopción, estas propuestas son claves para cimentar el éxito de toda la actividad que se puede obtener con dicho intercambio.

Hasta aquí el lado bonito, regenerador, solidario, humanitario de una organización de gente joven volcada en hacer compañía, ayudar, compartir experiencias y, sobre todo, desterrar, en la medida de lo posible, la soledad de muchas personas mayores que “vegetan” en el encierro de una residencia o en el desamparo familiar.

Contrapartida. La cara negativa que más asusta de dicha situación es el “abuso” que se pueda hacer con dichas personas por parte de camuflados samaritanos cuyo objetivo es vivir a costa de ellos, sangrarlos para después dejarlos abandonados y en “pelotas”.

En la lista de oenegés con las manos manchadas de mierda hay algunas que tenían buen renombre en el mundo de la solidaridad con el prójimo, en la parcela de la ayuda a los demás. No me vale aquello de “por un gato que maté, matagatos me llamaron”. Creo que hay más basura de la que podríamos imaginar. Por cierto, el referido refrán pronto será “pecado cívico” según los puristas del contenido del lenguaje. Hablaremos del tema.

¿A qué viene esta diatriba? En este terreno de la ayuda humanitaria, hay sobrados motivos para desconfiar. Espabilados de todos los colores juegan a engañar y de paso a desplumar a personas confiadas. Recuerden el barullo que se levantó con el abuso perpetrado por algunos directivos y voluntarios varios de oenegés famosas. Rememoro una actividad que empezó como un inocente juego.

Por ejemplo la proposición “abrazos gratis” creó todo un movimiento que pretendía despertar en los demás deseos de paz, amor, afectividad…, repartiendo y recibiendo a cambio abrazos. “Un abrazo reporta felicidad” podría ser una síntesis de esta corriente.

¿Verdad que suena bonito eso de repartir cariño, felicidad, bondad? El invento prosperó. Los abrazos sembraron avenidas y plazas de grandes ciudades. Pero los humanoides (no merecen el calificativo de "humanos") tergiversaron la idea original. Y la posible felicidad emanada de tales abrazos regalados, tardó poco en convertirse en pólvora repartiendo abrazos con veneno.

¡Cómo no! Los listillos y listillas “hábiles para sacar beneficio o ventaja de cualquier situación” (sic) descubrieron un filón en ese cariñoso y gratis estrujón. Empezaron a abrazar a toda persona que pensaban que podría necesitar una sobredosis de adrenalina (“carga emocional intensa”) para transmitirles energía, paz, felicidad.

Y por la magia de la bondad nació, creció y se extendió el “timo mimoso o del abrazo” consistente en desplumar al descuido de objetos de valor a ingenuas personas. Qué mala es la soledad y qué fina la ratería de desolladores de lo ajeno.

El discurso que usan es simple e incitador: “permítame que le ayude, no se preocupe, tenga cuidado…”. ¿Altruismo en estado puro? No, tras esos arrumacos en apariencia altruistas se esconden manos largas que, jugando con la inseguridad de la “desvalida víctima”, se apoderarán de su confianza y ¡zas! se aprovechan de bolsillos ajenos.

A las referidas listas de desacatos hay que añadir una información reciente que arranca de 2016. Cito: “Así estafaban a ancianas en los Hermanos Misioneros de Vigo. Cuatro personas vinculadas a la congregación confiesan que retiraban fondos y cambiaron tres veces el testamento de una residente con demencia senil”. Sin comentarios.

PEPE CANTILLO

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