El rector de la Universidad de Córdoba, Manuel Torralbo Rodríguez, fue investido anoche Capataz de Honor de la LXXI Fiesta de la Vendimia Montilla-Moriles durante un acto celebrado en el patio de La Marquesina de Bodegas Pérez Barquero, donde pronunció un pregón que unió las matemáticas con la tierra, el trabajo, el conocimiento, la cultura y la memoria que acompañan a los vinos de esta Denominación de Origen cordobesa, toda vez que brindó su respaldo a la candidatura de Montilla como Ciudad Española del Vino en 2027.
La ceremonia, organizada por el Ayuntamiento de Montilla con el apoyo del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles y la Hermandad del Señor en la Santa Cena, María Santísima de la Estrella y Nuestra Señora de las Viñas, comenzó con la investidura de Natalia Marín Cabanillas y José Antonio Marín García como Vendimiadores Mayores de la septuagésima primera edición de esta fiesta declarada "De Interés Turístico Nacional".
Ambos estuvieron acompañados por una corte formada por Claudia Arrabal Caracuel y Carlos Lao Urbano; Mireia Jiménez Gálvez y Antonio Jiménez Jiménez; Saray Rodríguez García y Juan Luis García Gómez; e Irene López Zafra y Francisco José González Baños.
Uno de los elementos más reconocibles del acto fue, nuevamente, el atuendo tradicional de la Vendimiadora Mayor y su Corte de Damas. Este vestuario forma parte de la celebración desde 2004, cuando la diseñadora montillana Carmen Rueda recibió de la Hermandad del Señor en la Santa Cena, María Santísima de la Estrella y Nuestra Señora de las Viñas el encargo de confeccionar un traje específico.
Para elaborar aquel diseño, Carmen Rueda se inspiró en el cuadro Vendimiadoras montillanas, un lienzo de Eloísa Garnelo Aparicio que fue presentado oficialmente en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892. Los vestidos incorporan detalles bordados con hojas de parra y racimos de uva, dos motivos directamente relacionados con el cultivo de la vid y la identidad de la zona Montilla-Moriles.
Tras la coronación de la Vendimiadora Mayor tuvo lugar el pregón del rector, que articuló su intervención alrededor de una pregunta: ¿cuánto cabe realmente en una copa de vino? Desde su condición de matemático, recurrió a las antiguas unidades de medida, la geometría de los toneles, los rendimientos del viñedo, la maduración de la variedad Pedro Ximénez y el tiempo pausado de las criaderas y soleras para recorrer una cultura vitivinícola en la que no todo puede reducirse a cifras.
El pregonero dirigió también su mirada hacia el futuro del marco Montilla-Moriles y defendió la calidad, la singularidad, la gastronomía y el territorio como herramientas para generar un mayor valor y acercar sus vinos a las nuevas generaciones. Asimismo, reivindicó el papel histórico desempeñado por las mujeres en las viñas, los lagares y las bodegas montillanas.
En ese recorrido entre la tradición y el futuro, Torralbo recordó la relación histórica de la Universidad de Córdoba con el sector vitivinícola y anunció el respaldo de la institución académica a la candidatura de Montilla a Ciudad Española del Vino 2027. El rector expresó su deseo de que “dentro de un año podamos celebrar juntos ese reconocimiento”.
Después de intentar poner medida al vino, el matemático reconoció que buena parte de cuanto lo rodea escapa a los números. Tras recordar unos versos de Calixto Torres dedicados a Montilla, cerró su pregón brindando “por la vida que cabe en una copa de Montilla-Moriles”.
El alcalde de Montilla, Rafael Llamas, agradeció al rector tanto su intervención como su disposición a ser designado como Capataz de Honor, una distinción con la que se incorporó a la relación de personas que ejercen como embajadoras de Montilla, sus viñas y sus vinos. Rafael Llamas señaló que “cuando bebemos de una copa de vino, estamos saboreando sabiduría, historia, dedicación, mimos, quizá algún instante de incertidumbre y, también, reconfortantes momentos de ilusión y de esperanzas”.
El alcalde defendió que la Fiesta de la Vendimia trasciende la propia celebración del vino y constituye una expresión de la identidad colectiva de Montilla. “Es mantener viva esa memoria colectiva hecha tradición; es lo que se cosecha después del trabajo bien hecho; es el paisaje común a tantas generaciones; y es esa identidad compartida en la que seguimos reconociéndonos. Porque, en definitiva, la vendimia forma parte de lo que Montilla es”, afirmó.
La LXXI Fiesta de la Vendimia cuenta desde anoche con la localidad pacense de Almendralejo como ciudad invitada. Esta participación refuerza los vínculos entre dos territorios unidos por la cultura vitivinícola y abre nuevas posibilidades de colaboración relacionadas con la promoción de sus vinos, la innovación y el enoturismo.
La ceremonia reservó otro de sus momentos centrales al reconocimiento de quienes representan los dos extremos del recorrido que comienza en el campo donde nace la uva y continúa en la bodega, donde el tiempo termina de convertirla en vino. El Consejo Regulador, representado por su presidente, Javier Martín, distinguió a Manuel Peinado Luque como Capataz de Campo y a Miguel Herrador Repiso como Capataz de Bodega.
Manuel Peinado Luque, encargado de campo de Bodegas Alvear, recibió un nombramiento que reconoce más de cuatro décadas dedicadas a las labores de la viña y el campo. Nacido el 16 de septiembre de 1963, comenzó a trabajar en 1976, cuando apenas tenía 13 años, en Las Puentes. Sus primeras tareas consistieron en cortar uva y cargar y descargar camiones bajo las órdenes del entonces capataz de campo, Manuel Luque Botón.
Las condiciones laborales de aquella época obligaban al personal a permanecer prácticamente en el Lagar de Las Puentes durante el desarrollo de las faenas. Los trabajadores comían y dormían allí y recibían el almuerzo del mediodía y la cena.
Dos años después de su incorporación a la cuadrilla, Rafael Jiménez reclamó a Manuel Peinado para trabajar en la bodega de Las Puentes. Allí se ocupó de trasegar mostos y vinos entre trujales y tinajas, medir temperaturas y densidades, realizar rocíos e injertar tinajas. Las tareas se organizaban entonces mediante turnos que cubrían las veinticuatro horas del día.
Una vez terminadas las faenas propias de la bodega, se incorporaba a los trabajos del campo, especialmente a la poda. Su actividad en Las Puentes continuó hasta 1983, cuando se marchó voluntario al servicio militar, que realizó en paracaidismo. La orden de incorporación le llegó mientras se encontraba en Vistahermosa injertando una tinaja de mosto.
Tras concluir el servicio militar, regresó en 1985 a las faenas de Las Puentes. En 1990 abrió un paréntesis en su relación laboral con la bodega para realizar distintas tareas fuera de ella y volvió en 1994, después de que Fernando Alvear Zubiría lo reclamara y le ofreciera el puesto de encargado de campo que continúa desempeñando.
Bodegas Alvear destacó su responsabilidad, su compromiso y su carácter autodidacta. Pese a comenzar a trabajar a una edad muy temprana y no tener la oportunidad de recibir formación académica, Manuel Peinado ha llegado a llevar una contabilidad analítica propia, adaptada a su manera de organizar el trabajo.
El nuevo Capataz de Campo también ha transmitido sus conocimientos sobre las labores de cultivo, principalmente del olivo y la viña, a quienes se han acercado para aprenderlas. A sus casi 63 años, continúa subiéndose a un tractor, ayudando a acular un remolque al pretil y participando en las distintas faenas agrícolas.
Su trayectoria ha estado igualmente marcada por su vinculación con la familia Alvear. Esa relación se remonta a sus primeros años junto a la señora "Chiqui", madre de Fernando Alvear Zubiría, y se mantiene hasta la actualidad.
El reconocimiento como Capataz de Bodega recayó en Miguel Herrador Repiso, industrial y enólogo montillano, propietario de Bodegas Navarro y profesional con más de 55 años de dedicación al vino. A lo largo de su trayectoria ha combinado la incorporación de conocimientos y tecnologías con el respeto por la crianza tradicional y el sistema de criaderas y solera.
Miguel Herrador nació en Montilla el 24 de enero de 1955 en el seno de una familia de industriales. Hijo de Acisclo Herrador Repiso y Socorro Repiso García, estuvo vinculado desde muy joven tanto al ámbito empresarial como a la tradición vitivinícola de la localidad.
Por línea materna es nieto del viticultor y bodeguero Manuel Repiso Arroyo, propietario del Lagar San Joaquín, de quien heredó una temprana relación con la viña, el lagar y los procedimientos tradicionales empleados para elaborar los vinos de Montilla-Moriles.
Recibió su formación básica en el Colegio Salesiano San Francisco Solano de Montilla y cursó el Bachillerato en el Instituto de Educación Secundaria Inca Garcilaso entre 1967 y 1971. En 1973 obtuvo el título de Técnico Superior en Administración, una preparación que le permitió iniciar su trayectoria en la gestión empresarial.
Su incorporación a Bodegas Navarro se produjo el 1 de octubre de 1971, cuando su padre ejercía como consejero delegado de la compañía. Miguel Herrador comenzó a trabajar en el equipo de administración y gestión de esta bodega casi bicentenaria, con la que ha mantenido una relación profesional durante más de cinco décadas.
Su interés por profundizar en los aspectos técnicos de la elaboración del vino lo llevó a ampliar su formación. El 16 de septiembre de 1984 obtuvo en Valdepeñas el título de Técnico Superior de Laboratorio y, el 7 de abril de 1988, se graduó como Técnico Superior en Viticultura y Enotecnia.
Estos estudios le permitieron unir sus conocimientos sobre administración y gestión empresarial con una formación especializada en viticultura y enología. Durante las décadas de los ochenta y los noventa ejerció como enólogo titular de Bodegas Navarro y trabajó como director técnico externo en diferentes bodegas, lagares y cooperativas del marco Montilla-Moriles.
En aquella etapa participó en la elaboración, la crianza y la mejora técnica de los vinos de distintas instalaciones de la zona. Su actividad se desarrolló tanto dentro de la empresa familiar como en otros centros relacionados con el sector vitivinícola de la Denominación de Origen Protegida Montilla-Moriles.
Miguel Herrador asumió en 1992 la dirección general de Bodegas Navarro. Bajo su gerencia se acometió la tercera gran modernización de la empresa mediante la construcción de dos naves destinadas a ampliar y actualizar su capacidad productiva y de crianza.
Una de las instalaciones se dedicó al embotellado y fue equipada con una línea de producción capaz de alcanzar las 5.000 botellas por hora. La segunda se destinó a la crianza del Fino Andalucía y albergó aproximadamente 800 botas dispuestas conforme al sistema tradicional de criaderas y solera, que se sumaron a las existentes en la bodega.
Otro momento relevante de la historia familiar y empresarial llegó en 1995, cuando Miguel Herrador y su esposa, Luisa Veredas Gallegos, adquirieron la propiedad de Bodegas Navarro. Desde entonces, la familia Herrador Veredas ha mantenido la propiedad y la gestión de la compañía, dando continuidad a su carácter de bodega familiar montillana.
La incorporación de avances tecnológicos volvió a materializarse en 2010 con la construcción de un nuevo lagar. Las instalaciones fueron equipadas con prensas neumáticas de última generación y una capacidad de prensado de 100.000 kilos, al tiempo que se mantuvieron los procedimientos tradicionales vinculados a la elaboración de los vinos de la zona.
La trayectoria de Miguel Herrador reúne los conocimientos transmitidos por su abuelo, Manuel Repiso Arroyo; su padre, Acisclo Herrador Repiso; y su padrino profesional, José María Navarro Requena. Su vida laboral ha estado dedicada a la elaboración y crianza de los vinos de Montilla-Moriles y a la conservación y transmisión de este legado.
Sus hijos, Miguel Jesús Herrador Veredas y Javier Herrador Veredas, asumieron las funciones de administración de Bodegas Navarro después de que su padre formalizara la cesión de responsabilidades el 4 de diciembre de 2018. El relevo permitió mantener la continuidad de una tradición bodeguera transmitida entre distintas generaciones de la familia.
Los nombramientos de Manuel Peinado Luque y Miguel Herrador Repiso pusieron rostro al conocimiento acumulado durante generaciones en las viñas, los lagares y las bodegas. Ambos reconocimientos se sumaron al agradecimiento expresado por Rafael Llamas a todas las personas cuyo “esfuerzo silencioso” sostiene cada nueva cosecha.
Con el pregón y la entrega de las nuevas distinciones, la LXXI Fiesta de la Vendimia Montilla-Moriles entró anoche en sus días centrales, dedicados a celebrar el final de la cosecha y el comienzo del tiempo en el que el mosto inicia su camino hacia el vino. La celebración volvió así a fijar su atención en la tierra, en quienes la trabajan y en una cultura vitivinícola transmitida de generación en generación.
La ceremonia, organizada por el Ayuntamiento de Montilla con el apoyo del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles y la Hermandad del Señor en la Santa Cena, María Santísima de la Estrella y Nuestra Señora de las Viñas, comenzó con la investidura de Natalia Marín Cabanillas y José Antonio Marín García como Vendimiadores Mayores de la septuagésima primera edición de esta fiesta declarada "De Interés Turístico Nacional".
Ambos estuvieron acompañados por una corte formada por Claudia Arrabal Caracuel y Carlos Lao Urbano; Mireia Jiménez Gálvez y Antonio Jiménez Jiménez; Saray Rodríguez García y Juan Luis García Gómez; e Irene López Zafra y Francisco José González Baños.
Uno de los elementos más reconocibles del acto fue, nuevamente, el atuendo tradicional de la Vendimiadora Mayor y su Corte de Damas. Este vestuario forma parte de la celebración desde 2004, cuando la diseñadora montillana Carmen Rueda recibió de la Hermandad del Señor en la Santa Cena, María Santísima de la Estrella y Nuestra Señora de las Viñas el encargo de confeccionar un traje específico.
Para elaborar aquel diseño, Carmen Rueda se inspiró en el cuadro Vendimiadoras montillanas, un lienzo de Eloísa Garnelo Aparicio que fue presentado oficialmente en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892. Los vestidos incorporan detalles bordados con hojas de parra y racimos de uva, dos motivos directamente relacionados con el cultivo de la vid y la identidad de la zona Montilla-Moriles.
Tras la coronación de la Vendimiadora Mayor tuvo lugar el pregón del rector, que articuló su intervención alrededor de una pregunta: ¿cuánto cabe realmente en una copa de vino? Desde su condición de matemático, recurrió a las antiguas unidades de medida, la geometría de los toneles, los rendimientos del viñedo, la maduración de la variedad Pedro Ximénez y el tiempo pausado de las criaderas y soleras para recorrer una cultura vitivinícola en la que no todo puede reducirse a cifras.
El pregonero dirigió también su mirada hacia el futuro del marco Montilla-Moriles y defendió la calidad, la singularidad, la gastronomía y el territorio como herramientas para generar un mayor valor y acercar sus vinos a las nuevas generaciones. Asimismo, reivindicó el papel histórico desempeñado por las mujeres en las viñas, los lagares y las bodegas montillanas.
En ese recorrido entre la tradición y el futuro, Torralbo recordó la relación histórica de la Universidad de Córdoba con el sector vitivinícola y anunció el respaldo de la institución académica a la candidatura de Montilla a Ciudad Española del Vino 2027. El rector expresó su deseo de que “dentro de un año podamos celebrar juntos ese reconocimiento”.
Después de intentar poner medida al vino, el matemático reconoció que buena parte de cuanto lo rodea escapa a los números. Tras recordar unos versos de Calixto Torres dedicados a Montilla, cerró su pregón brindando “por la vida que cabe en una copa de Montilla-Moriles”.
El alcalde de Montilla, Rafael Llamas, agradeció al rector tanto su intervención como su disposición a ser designado como Capataz de Honor, una distinción con la que se incorporó a la relación de personas que ejercen como embajadoras de Montilla, sus viñas y sus vinos. Rafael Llamas señaló que “cuando bebemos de una copa de vino, estamos saboreando sabiduría, historia, dedicación, mimos, quizá algún instante de incertidumbre y, también, reconfortantes momentos de ilusión y de esperanzas”.
El alcalde defendió que la Fiesta de la Vendimia trasciende la propia celebración del vino y constituye una expresión de la identidad colectiva de Montilla. “Es mantener viva esa memoria colectiva hecha tradición; es lo que se cosecha después del trabajo bien hecho; es el paisaje común a tantas generaciones; y es esa identidad compartida en la que seguimos reconociéndonos. Porque, en definitiva, la vendimia forma parte de lo que Montilla es”, afirmó.
Almendralejo, ciudad invitada
La LXXI Fiesta de la Vendimia cuenta desde anoche con la localidad pacense de Almendralejo como ciudad invitada. Esta participación refuerza los vínculos entre dos territorios unidos por la cultura vitivinícola y abre nuevas posibilidades de colaboración relacionadas con la promoción de sus vinos, la innovación y el enoturismo.
La ceremonia reservó otro de sus momentos centrales al reconocimiento de quienes representan los dos extremos del recorrido que comienza en el campo donde nace la uva y continúa en la bodega, donde el tiempo termina de convertirla en vino. El Consejo Regulador, representado por su presidente, Javier Martín, distinguió a Manuel Peinado Luque como Capataz de Campo y a Miguel Herrador Repiso como Capataz de Bodega.
Manuel Peinado Luque, encargado de campo de Bodegas Alvear, recibió un nombramiento que reconoce más de cuatro décadas dedicadas a las labores de la viña y el campo. Nacido el 16 de septiembre de 1963, comenzó a trabajar en 1976, cuando apenas tenía 13 años, en Las Puentes. Sus primeras tareas consistieron en cortar uva y cargar y descargar camiones bajo las órdenes del entonces capataz de campo, Manuel Luque Botón.
Las condiciones laborales de aquella época obligaban al personal a permanecer prácticamente en el Lagar de Las Puentes durante el desarrollo de las faenas. Los trabajadores comían y dormían allí y recibían el almuerzo del mediodía y la cena.
Dos años después de su incorporación a la cuadrilla, Rafael Jiménez reclamó a Manuel Peinado para trabajar en la bodega de Las Puentes. Allí se ocupó de trasegar mostos y vinos entre trujales y tinajas, medir temperaturas y densidades, realizar rocíos e injertar tinajas. Las tareas se organizaban entonces mediante turnos que cubrían las veinticuatro horas del día.
Una vez terminadas las faenas propias de la bodega, se incorporaba a los trabajos del campo, especialmente a la poda. Su actividad en Las Puentes continuó hasta 1983, cuando se marchó voluntario al servicio militar, que realizó en paracaidismo. La orden de incorporación le llegó mientras se encontraba en Vistahermosa injertando una tinaja de mosto.
Tras concluir el servicio militar, regresó en 1985 a las faenas de Las Puentes. En 1990 abrió un paréntesis en su relación laboral con la bodega para realizar distintas tareas fuera de ella y volvió en 1994, después de que Fernando Alvear Zubiría lo reclamara y le ofreciera el puesto de encargado de campo que continúa desempeñando.
Bodegas Alvear destacó su responsabilidad, su compromiso y su carácter autodidacta. Pese a comenzar a trabajar a una edad muy temprana y no tener la oportunidad de recibir formación académica, Manuel Peinado ha llegado a llevar una contabilidad analítica propia, adaptada a su manera de organizar el trabajo.
El nuevo Capataz de Campo también ha transmitido sus conocimientos sobre las labores de cultivo, principalmente del olivo y la viña, a quienes se han acercado para aprenderlas. A sus casi 63 años, continúa subiéndose a un tractor, ayudando a acular un remolque al pretil y participando en las distintas faenas agrícolas.
Su trayectoria ha estado igualmente marcada por su vinculación con la familia Alvear. Esa relación se remonta a sus primeros años junto a la señora "Chiqui", madre de Fernando Alvear Zubiría, y se mantiene hasta la actualidad.
Miguel Herrador, Capataz de Bodega
El reconocimiento como Capataz de Bodega recayó en Miguel Herrador Repiso, industrial y enólogo montillano, propietario de Bodegas Navarro y profesional con más de 55 años de dedicación al vino. A lo largo de su trayectoria ha combinado la incorporación de conocimientos y tecnologías con el respeto por la crianza tradicional y el sistema de criaderas y solera.
Miguel Herrador nació en Montilla el 24 de enero de 1955 en el seno de una familia de industriales. Hijo de Acisclo Herrador Repiso y Socorro Repiso García, estuvo vinculado desde muy joven tanto al ámbito empresarial como a la tradición vitivinícola de la localidad.
Por línea materna es nieto del viticultor y bodeguero Manuel Repiso Arroyo, propietario del Lagar San Joaquín, de quien heredó una temprana relación con la viña, el lagar y los procedimientos tradicionales empleados para elaborar los vinos de Montilla-Moriles.
Recibió su formación básica en el Colegio Salesiano San Francisco Solano de Montilla y cursó el Bachillerato en el Instituto de Educación Secundaria Inca Garcilaso entre 1967 y 1971. En 1973 obtuvo el título de Técnico Superior en Administración, una preparación que le permitió iniciar su trayectoria en la gestión empresarial.
Su incorporación a Bodegas Navarro se produjo el 1 de octubre de 1971, cuando su padre ejercía como consejero delegado de la compañía. Miguel Herrador comenzó a trabajar en el equipo de administración y gestión de esta bodega casi bicentenaria, con la que ha mantenido una relación profesional durante más de cinco décadas.
Su interés por profundizar en los aspectos técnicos de la elaboración del vino lo llevó a ampliar su formación. El 16 de septiembre de 1984 obtuvo en Valdepeñas el título de Técnico Superior de Laboratorio y, el 7 de abril de 1988, se graduó como Técnico Superior en Viticultura y Enotecnia.
Estos estudios le permitieron unir sus conocimientos sobre administración y gestión empresarial con una formación especializada en viticultura y enología. Durante las décadas de los ochenta y los noventa ejerció como enólogo titular de Bodegas Navarro y trabajó como director técnico externo en diferentes bodegas, lagares y cooperativas del marco Montilla-Moriles.
En aquella etapa participó en la elaboración, la crianza y la mejora técnica de los vinos de distintas instalaciones de la zona. Su actividad se desarrolló tanto dentro de la empresa familiar como en otros centros relacionados con el sector vitivinícola de la Denominación de Origen Protegida Montilla-Moriles.
Miguel Herrador asumió en 1992 la dirección general de Bodegas Navarro. Bajo su gerencia se acometió la tercera gran modernización de la empresa mediante la construcción de dos naves destinadas a ampliar y actualizar su capacidad productiva y de crianza.
Una de las instalaciones se dedicó al embotellado y fue equipada con una línea de producción capaz de alcanzar las 5.000 botellas por hora. La segunda se destinó a la crianza del Fino Andalucía y albergó aproximadamente 800 botas dispuestas conforme al sistema tradicional de criaderas y solera, que se sumaron a las existentes en la bodega.
Otro momento relevante de la historia familiar y empresarial llegó en 1995, cuando Miguel Herrador y su esposa, Luisa Veredas Gallegos, adquirieron la propiedad de Bodegas Navarro. Desde entonces, la familia Herrador Veredas ha mantenido la propiedad y la gestión de la compañía, dando continuidad a su carácter de bodega familiar montillana.
La incorporación de avances tecnológicos volvió a materializarse en 2010 con la construcción de un nuevo lagar. Las instalaciones fueron equipadas con prensas neumáticas de última generación y una capacidad de prensado de 100.000 kilos, al tiempo que se mantuvieron los procedimientos tradicionales vinculados a la elaboración de los vinos de la zona.
La trayectoria de Miguel Herrador reúne los conocimientos transmitidos por su abuelo, Manuel Repiso Arroyo; su padre, Acisclo Herrador Repiso; y su padrino profesional, José María Navarro Requena. Su vida laboral ha estado dedicada a la elaboración y crianza de los vinos de Montilla-Moriles y a la conservación y transmisión de este legado.
Sus hijos, Miguel Jesús Herrador Veredas y Javier Herrador Veredas, asumieron las funciones de administración de Bodegas Navarro después de que su padre formalizara la cesión de responsabilidades el 4 de diciembre de 2018. El relevo permitió mantener la continuidad de una tradición bodeguera transmitida entre distintas generaciones de la familia.
Los nombramientos de Manuel Peinado Luque y Miguel Herrador Repiso pusieron rostro al conocimiento acumulado durante generaciones en las viñas, los lagares y las bodegas. Ambos reconocimientos se sumaron al agradecimiento expresado por Rafael Llamas a todas las personas cuyo “esfuerzo silencioso” sostiene cada nueva cosecha.
Con el pregón y la entrega de las nuevas distinciones, la LXXI Fiesta de la Vendimia Montilla-Moriles entró anoche en sus días centrales, dedicados a celebrar el final de la cosecha y el comienzo del tiempo en el que el mosto inicia su camino hacia el vino. La celebración volvió así a fijar su atención en la tierra, en quienes la trabajan y en una cultura vitivinícola transmitida de generación en generación.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR






























































