Montilla-Moriles afronta desde hace unos días uno de los ritos más ancestrales y característicos de su vendimia con el inicio del asoleo de la uva Pedro Ximénez, una labor que se desarrolla en distintas paseras de la comarca y que permite deshidratar el fruto al sol para concentrar sus azúcares antes de la elaboración de los tradicionales vinos dulces amparados por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP).
Desde primera hora de la mañana y hasta bien entrada la tarde, jornaleros de todas las edades trabajan para depositar con esmero los racimos de la uva Pedro Ximénez, la variedad autóctona de la zona, sobre los interminables capachos extendidos en varias fincas del marco vitivinícola.
El asoleo constituye una de las imágenes más reconocibles de la vendimia en Montilla-Moriles, pero representa también uno de los trabajos más duros de cuantos se llevan a cabo en el ámbito agrícola. Así se desprende de una investigación realizada por Paula Triviño, del Departamento de Ingeniería Gráfica y Geomática de la Universidad de Córdoba, junto a Ligia Sánchez y Evelin Escalona, integrantes del Centro de Estudios en Salud de los Trabajadores de la Universidad de Carabobo, en Venezuela.
Las tres investigadoras analizaron las exigentes condiciones laborales que se registran en las paseras de Montilla-Moriles, donde las uvas permanecen extendidas al sol para procurar la deshidratación del fruto y alcanzar la concentración de azúcares necesaria para elaborar el vino dulce Pedro Ximénez, uno de los productos más representativos de esta DOP cordobesa.
“La condición más exigente la constituyen las elevadas temperaturas al laborar a la intemperie”, subrayan las investigadoras, que añaden que “los hombres, además, incorporan los riesgos de accidentes, las herramientas y el material de trabajo y la manipulación de cargas”, circunstancia que explica que la mayoría de ellos manifiesten “dolores músculo-esqueléticos y lumbares”.
Y es que, según destaca el estudio, “los trabajadores están expuestos a posturas incómodas susceptibles de ocasionarle daños crónicos o discapacitantes de la columna lumbar”. El trabajo en las paseras obliga a permanecer durante largos periodos en posiciones especialmente exigentes mientras se extiende, voltea o recoge la uva.
“Los movimientos repetitivos y continuados en el tiempo, el nivel de esfuerzo, la adopción de posturas forzadas y la manipulación manual de cargas constituyen factores de riesgo que se podrían relacionar con las lesiones músculo-esqueléticas señaladas por los trabajadores”, reconoce la investigación.
El estudio concluye, asimismo, que “la posición de cuclillas al extender la uva fresca, voltear racimos y recoger la uva pasificada es la más dura e incómoda de la totalidad del trabajo”, una circunstancia que pone de manifiesto la exigencia física que acompaña a uno de los procesos más tradicionales de la vitivinicultura de Montilla-Moriles.
En Montilla, la Cooperativa Nuestra Señora de la Aurora suele ser la encargada de dar el pistoletazo de salida al asoleo de la uva. Para ello instala su pasera en uno de los márgenes de la antigua travesía de la carretera nacional N-331, a escasos metros de sus instalaciones.
A esta tarea se suma Bodegas Galán Portero, una firma con setenta años de historia especializada precisamente en la elaboración y crianza de vinos dulces Pedro Ximénez amparados por la DOP Montilla-Moriles. La historia de esta empresa, gestionada actualmente por la tercera generación, se remonta a mediados del siglo XX, cuando Antonio Galán y Soledad Portero fundaron una pequeña bodega para elaborar vinos de calidad a partir de los viñedos de la comarca.
En el sector coinciden en que, si la lluvia no hace acto de presencia durante las próximas semanas, la campaña puede convertirse en un gran año para el vino dulce Pedro Ximénez y se superará la producción de las últimas campañas, especialmente la del pasado año, marcada decisivamente por la plaga de mildiu que asoló los viñedos del marco.
La ausencia de precipitaciones resulta especialmente importante durante esta fase. La llegada de lluvias pondría en jaque la viabilidad de los frutos extendidos sobre los capachos, ya que un exceso de agua en el ambiente puede favorecer la proliferación de hongos y, consecuentemente, provocar la aparición de podredumbre gris.
Esta enfermedad criptogámica complica el posterior proceso de crianza del vino al hacer más compleja la fermentación, de modo que las condiciones meteorológicas de las próximas semanas serán determinantes para la evolución de la uva destinada a la elaboración de los dulces Pedro Ximénez.
Junto con la Cooperativa Nuestra Señora de la Aurora y Bodegas Galán Portero, entre los principales productores de vino dulce en el marco Montilla-Moriles figuran Bodegas del Pino, de Montalbán, y Bodegas San Acacio, de Montemayor.
En el ámbito de los vinos ecológicos, uno de los grandes referentes sigue siendo Bodegas Robles, que hace dos años inició la extensión de los primeros racimos de uva Pedro Ximénez ecológica en las paseras del Lagar de Los Dolores, un pago situado en Moriles Altos. De este modo, la emblemática imagen de las uvas secándose bajo el sol volvía a integrarse en el paisaje de Moriles, concretamente en el viñedo del Lagar de Los Dolores, una finca que cuenta con 13 hectáreas y alberga cepas de las variedades Pedro Ximénez y Moscatel. Su cultivo se desarrolla bajo los principios de la agricultura ecológica, mediante el empleo de cubiertas vegetales que enriquecen el suelo y favorecen la biodiversidad.
Desde primera hora de la mañana y hasta bien entrada la tarde, jornaleros de todas las edades trabajan para depositar con esmero los racimos de la uva Pedro Ximénez, la variedad autóctona de la zona, sobre los interminables capachos extendidos en varias fincas del marco vitivinícola.
El asoleo constituye una de las imágenes más reconocibles de la vendimia en Montilla-Moriles, pero representa también uno de los trabajos más duros de cuantos se llevan a cabo en el ámbito agrícola. Así se desprende de una investigación realizada por Paula Triviño, del Departamento de Ingeniería Gráfica y Geomática de la Universidad de Córdoba, junto a Ligia Sánchez y Evelin Escalona, integrantes del Centro de Estudios en Salud de los Trabajadores de la Universidad de Carabobo, en Venezuela.
Las tres investigadoras analizaron las exigentes condiciones laborales que se registran en las paseras de Montilla-Moriles, donde las uvas permanecen extendidas al sol para procurar la deshidratación del fruto y alcanzar la concentración de azúcares necesaria para elaborar el vino dulce Pedro Ximénez, uno de los productos más representativos de esta DOP cordobesa.
“La condición más exigente la constituyen las elevadas temperaturas al laborar a la intemperie”, subrayan las investigadoras, que añaden que “los hombres, además, incorporan los riesgos de accidentes, las herramientas y el material de trabajo y la manipulación de cargas”, circunstancia que explica que la mayoría de ellos manifiesten “dolores músculo-esqueléticos y lumbares”.
Y es que, según destaca el estudio, “los trabajadores están expuestos a posturas incómodas susceptibles de ocasionarle daños crónicos o discapacitantes de la columna lumbar”. El trabajo en las paseras obliga a permanecer durante largos periodos en posiciones especialmente exigentes mientras se extiende, voltea o recoge la uva.
“Los movimientos repetitivos y continuados en el tiempo, el nivel de esfuerzo, la adopción de posturas forzadas y la manipulación manual de cargas constituyen factores de riesgo que se podrían relacionar con las lesiones músculo-esqueléticas señaladas por los trabajadores”, reconoce la investigación.
El estudio concluye, asimismo, que “la posición de cuclillas al extender la uva fresca, voltear racimos y recoger la uva pasificada es la más dura e incómoda de la totalidad del trabajo”, una circunstancia que pone de manifiesto la exigencia física que acompaña a uno de los procesos más tradicionales de la vitivinicultura de Montilla-Moriles.
En Montilla, la Cooperativa Nuestra Señora de la Aurora suele ser la encargada de dar el pistoletazo de salida al asoleo de la uva. Para ello instala su pasera en uno de los márgenes de la antigua travesía de la carretera nacional N-331, a escasos metros de sus instalaciones.
A esta tarea se suma Bodegas Galán Portero, una firma con setenta años de historia especializada precisamente en la elaboración y crianza de vinos dulces Pedro Ximénez amparados por la DOP Montilla-Moriles. La historia de esta empresa, gestionada actualmente por la tercera generación, se remonta a mediados del siglo XX, cuando Antonio Galán y Soledad Portero fundaron una pequeña bodega para elaborar vinos de calidad a partir de los viñedos de la comarca.
En el sector coinciden en que, si la lluvia no hace acto de presencia durante las próximas semanas, la campaña puede convertirse en un gran año para el vino dulce Pedro Ximénez y se superará la producción de las últimas campañas, especialmente la del pasado año, marcada decisivamente por la plaga de mildiu que asoló los viñedos del marco.
La ausencia de precipitaciones resulta especialmente importante durante esta fase. La llegada de lluvias pondría en jaque la viabilidad de los frutos extendidos sobre los capachos, ya que un exceso de agua en el ambiente puede favorecer la proliferación de hongos y, consecuentemente, provocar la aparición de podredumbre gris.
Esta enfermedad criptogámica complica el posterior proceso de crianza del vino al hacer más compleja la fermentación, de modo que las condiciones meteorológicas de las próximas semanas serán determinantes para la evolución de la uva destinada a la elaboración de los dulces Pedro Ximénez.
Junto con la Cooperativa Nuestra Señora de la Aurora y Bodegas Galán Portero, entre los principales productores de vino dulce en el marco Montilla-Moriles figuran Bodegas del Pino, de Montalbán, y Bodegas San Acacio, de Montemayor.
En el ámbito de los vinos ecológicos, uno de los grandes referentes sigue siendo Bodegas Robles, que hace dos años inició la extensión de los primeros racimos de uva Pedro Ximénez ecológica en las paseras del Lagar de Los Dolores, un pago situado en Moriles Altos. De este modo, la emblemática imagen de las uvas secándose bajo el sol volvía a integrarse en el paisaje de Moriles, concretamente en el viñedo del Lagar de Los Dolores, una finca que cuenta con 13 hectáreas y alberga cepas de las variedades Pedro Ximénez y Moscatel. Su cultivo se desarrolla bajo los principios de la agricultura ecológica, mediante el empleo de cubiertas vegetales que enriquecen el suelo y favorecen la biodiversidad.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR



































