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24/4/20

  • 24.4.20
Los perniciosos efectos que está teniendo sobre la economía global la alerta sanitaria por el coronavirus parecen cebarse especialmente con el sector del vino de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles. La clausura de bares, tabernas y restaurantes en todo el territorio nacional, así como la suspensión de todos los eventos festivos que, hasta ahora, suponían un escaparate ideal para la comarca vitivinícola cordobesa, han puesto en jaque a bodegueros, cooperativistas y viticultores que, además, están viendo peligrar sus viñedos por la acción de los conejos.



«Nuestro sector depende en un 73 por ciento de la comercialización en hoteles, restaurantes y cafeterías de ámbito nacional, mientras que el 27 por ciento restante está vinculado principalmente a la distribución y a la exportación, aunque también de forma mayoritaria con destino al sector Horeca», explica a Andalucía Digital el presidente del Consejo Regulador, Javier Martín.

Los datos son devastadores. A falta de revisar las cifras de comercialización correspondientes al mes de marzo, la actividad en el marco Montilla-Moriles ha descendido en un 80 por ciento, toda vez que las exportaciones de vinos a futuro y las actividades vinculadas al enoturismo están «completamente paralizadas», al igual que las ventas directas en bodega.

Tal y como detalla Javier Martín, apenas un 15 por ciento de las bodegas de la zona Montilla-Moriles –las de mayor renombre– tiene algo más diversificado su negocio. «La distribución en tiendas de alimentación y en grandes superficies les está salvando de una situación parecida a la que padecen las bodegas más pequeñas, dependientes del comercio de proximidad y de las ventas en Córdoba y provincia», aclara.

Con todo, el presidente del Grupo Pérez Barquero, Rafael Córdoba, reconoce que desde la declaración del Estado de alarma el pasado 14 de marzo, se ha experimentado un «ligero incremento de ventas en los vinos más económicos», así como de «productos de gama media-alta» a través de Internet. «En los pueblos pequeños, donde el representante o distribuidor cuenta con una tienda, se mantiene aún un pequeño porcentaje de consumo», detalla.



A pesar de ello, Rafael Córdoba califica de «drástica» la caída que Montilla-Moriles está sufriendo en dos de sus principales líneas de negocio: la distribución de vinos a través del canal Horeca y el enoturismo. «La situación se ha visto agravada, además, por las fechas en las que se ha decretado el Estado de alarma, a la entrada de la primavera, con la Semana Santa, la Cata, los Patios y las Cruces de por medio, al igual que muchas ferias, romerías y eventos familiares como bodas y comuniones», destaca.

Ello ha llevado a algunas firmas a explorar nuevas fórmulas para acercar sus vinos a los consumidores sin salir de casa. Es el caso de Bodegas Robles, referente de la producción ecológica en Andalucía, que en las últimas semanas está desarrollando iniciativas a través de las redes sociales y su tienda online como presentaciones de productos, catas dirigidas y conferencias.

«Nos encontramos en una situación a la que debemos sobreponernos con ingenio y con acciones que sirvan para el futuro, una vez que salgamos de esta crisis sanitaria», apunta el gerente de la firma, Francisco Robles, quien se muestra convencido de que «será más fácil y rápido si salimos todos juntos: bodegas, agricultores, cooperativas y hosteleros».

El e-commerce también se está planteando como alternativa para los lagares de la Sierra de Montilla y para las cooperativas. Así lo explica Juan Antonio Aguilar, gerente de San Acacio de Montemayor, quien hace hincapié en el contraste entre las ventas en hostelería –que «están a cero», según afirma– y las que se registran en supermercados, grandes superficies y tiendas online –que «han aumentado considerablemente»–.

«En Bodegas San Acacio hemos sufrido una bajada de ventas de vino envasado de más del 60 por ciento y, para intentar amortiguar esta caída, estamos promocionando la venta online y el reparto a domicilio de nuestros vinos», afirma Juan Antonio Aguilar, quien se muestra confiado en que «la apertura de bares y restaurantes no se demore demasiado» y que parte de los eventos festivos de la primavera «puedan trasladarse a otras fechas».

No obstante, Francisco Fernández, gerente de cooperativa La Unión de Montilla –una entidad que, desde hace años, realiza la mayor vendimia de toda Andalucía–, subraya que «Montilla-Moriles no es solo la Cata, las ferias o la primavera: es algo más o, al menos, debería serlo».



Sin embargo, Miguel Jesús Herrador, responsable de Bodegas Navarro, hace hincapié en que los eventos festivos que tienen lugar cada año entre marzo y junio «representan, junto a la campaña de Navidad, el mayor cifrado de ventas para Montilla-Moriles», de ahí que se muestre confiado en «una vuelta a la normalidad relativamente rápida», aunque atisba una «pérdida neta» que «no vamos a poder compensar el resto del año».

Más escéptico y más crítico con la acción del Gobierno se muestra Santiago Jiménez, del Lagar Los Raigones, enclavado en la Sierra de Montilla, para quien si el Ejecutivo de Pedro Sánchez no aprueba «ayudas importantes e inmediatas» para el sector de la viña y el vino de Montilla-Moriles, «es muy probable que muchos profesionales tengan que abandonar, ya que el cultivo de la vid y la crianza de los vinos serán deficitarios».

Para Jiménez, «ahora más que nunca necesitamos políticos responsables que dejen las bonitas palabras y la demagogia a un lado y se impliquen a fondo, poniendo en marcha medidas urgentes y efectivas que hagan posible el sustento de tantos puestos de trabajo que generan el sector de la viña y el vino en Montilla-Moriles».

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍAS: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

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