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19/8/19

  • 19.8.19
Isaac Rosa (Sevilla, 1974) quería escribir una novela para su hija Olivia. Al final optó por escribir el libro con ella. El resultado de esta coautoría se titula W. La novela es, dice, “el resultado de muchas tardes felices”. Él aportó la técnica. Ella, la mirada de una adolescente. Entre ambos corrigieron el resultado final. Isaac Rosa ha publicado novelas como El vano ayer, El país del miedo, La habitación oscura o Feliz final. Olivia Rosa (Madrid, 2004) estudia Secundaria, boxea, lee, inventa historias desde pequeña y tiene dos hermanas, Carmela y Elvira, que también quieren escribir su novela.



—Querías escribir un libro para que lo leyera tu hija. Al final optaste por escribirlo con ella. ¿Te ayudó para conocer mejor a Olivia?

(Isaac). Tenía una mezcla de motivaciones, literarias y personales, y entre estas últimas estaba la posibilidad de que la escritura compartida fuese otra forma de comunicación entre nosotros. Y creo que lo conseguimos.

—La adolescencia te alejó de los libros. ¿Escribir con tu padre te ha ayudado a reencontrarte con ellos?

(Olivia). No solamente me alejó la adolescencia, ni tampoco creo que la gente de mi edad se aleje por eso, pero sí, supongo que volver al mundo de los libros me ayudó bastante.

—¿Qué te llevó a apostar por las historias de Valeria y Valentina, por la tradición de los dobles en la literatura?

(Isaac). Siempre me ha interesado la figura del doble, un tema muy recurrente en todo tipo de ficciones desde hace siglos. Pero echaba de menos llevarlo a un terreno especialmente propicio: la adolescencia. El doble siempre pone en juego preguntas sobre la identidad, la conciencia de uno mismo, la extrañeza del propio cuerpo, los miedos y deseos más íntimos. Es decir, las preguntas que más aprietan en la adolescencia.

—Tu aportación al libro fue decisiva, porque iluminaste la historia con tu mirada, con tu edad, con tus sueños.

(Olivia). Sí, creo que para un adulto es muy difícil escribir sobre la adolescencia de ahora, ya que las cosas cambian cada año. Yo pude crear a los personajes de mi edad con sus problemas e inseguridades, el instituto y también sus alegrías, y mi padre pudo crear a los de su edad, con problemas diferentes, visto cada uno de una perspectiva, como se puede leer en el libro. Supongo que cada uno entenderá más y se sentirá más identificado con un personaje.

—Te has metido en el teatro, el cómic, el cine, el periodismo y ahora en la novela juvenil. ¿Por qué?

(Isaac). Supongo que tengo vocación de intruso. Mi terreno “natural” es la novela, pero me atrae probar otros lenguajes. En el caso de la literatura juvenil, tras años participando en encuentros con estudiantes, tenía ganas de escribir algo no para adolescentes –pues a esas edades la literatura no tiene límites de edad–, sino algo sobre adolescentes, sobre su mundo.

—¿Escribir con tu padre te ha ayudado a conocerlo mejor o te has empeñado en hacerle la puñeta como escritora?

(Olivia). Ha ayudado a que él me conozca más a mí y a la gente de mi edad, lo que pasa por nuestras cabezas, cómo ha cambiado todo desde que él tenía mi edad y a pasar más tiempo con él.

—Las buenas novelas juveniles no rebajan la exigencia literaria. Pero sí hay que saber encontrar el tono para atrapar a los jóvenes.

(Isaac). Al contrario, la exigencia debería ser mayor. No es precisamente fácil interesar y emocionar a un lector joven, tanto más exigente cuanto más joven.

—Escribiendo con una persona mayor de edad, como es tu padre, ¿te has percatado de que el mundo, sin remedio, es un disparate?

(Olivia). Más que eso, me he dado cuenta y he entendido más el trabajo que lleva un libro y lo poco que se aprecia después, incluyéndome a mí… Pero sobre el mundo, no creo que haya que ser adulto para entender el mundo. Creo que cada persona tiene un nivel de madurez muy distinto y que cada uno lo vemos de una manera muy diferente.

—Contando las historias de Valeria y Valentina os habéis encontrado también a vosotros. ¿Qué has encontrado en Olivia que desconocías o que te haya impresionado?

(Isaac). Supongo que los dos nos hemos transparentado en la construcción de los personajes, y nos hemos conocido un poco mejor. De Olivia me quedo con su curiosidad, que al escribir se desata.

—Ahora te gustan más los libros sobre la vida real que los de fantasía. ¿Has descubierto, por fin, que la realidad supera a la ficción? ¿Da miedo pensarlo?

(Olivia). No, la verdad es que siempre ha sido así, nunca me han gustado los libros de fantasía, me aburrían muchísimo, porque lo que yo buscaba y busco al leer un libro es poder entender al personaje y a su historia, poder sentirlo como que me podría pasar su historia en cualquier momento, como pasa en la historia de W, te podría pasar a ti mañana mismo.

—Escribes en el libro: “Aquí está el resultado de muchas tardes felices”. ¿Cómo prolongarás ahora esas otras tardes?

(Isaac). La experiencia ha sido tan hermosa, la escritura primero, y ahora la publicación y que nos lean, nos inviten a institutos o firmemos juntos en ferias del libro, que por supuesto repetiremos. Ya estamos pensando en una próxima historia.

—¿Qué piensas que te dirá tu padre si un día le planteas que te dedicarás a escribir novelas? Igual te responde que, en casa, con un escritor basta.

(Olivia). Pues pienso y espero que me apoye tanto si decido escribir novelas o cualquier otro trabajo, pero que lo haga porque yo quiera. Y pienso que tener a otra escritora en la familia le gustaría bastante, aunque no tengo ni idea de lo que quiero hacer en el futuro.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO

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