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9/3/19

  • 9.3.19
Todos sabemos que las sociedades se van transformado con el paso del tiempo, y que esas transformaciones se perciben cuando se estudian los cambios que se dan entre unas generaciones y otras. Las costumbres, el trabajo, la economía, las formas de vida, tanto en el campo como en las ciudades, las innovaciones tecnológicas, etc., son motivos de transiciones de unos modelos a otros.



También las ideas tienen gran influencia en esos cambios, por lo que podemos analizarlas en el conjunto de la sociedad, en colectividades o en las familias, ya que estas últimas configuran los grupos básicos de la propia sociedad.

No debemos olvidar, por otro lado, un hecho que ha marcado profundamente a las sociedades occidentales en las últimas décadas: la amplia incorporación de las mujeres al trabajo asalariado (y apunto asalariado, pues el trabajo doméstico siempre recaía sobre sus espaldas sin recibir compensaciones económicas por ello). Ello ha conllevado transformaciones en las relaciones de pareja y, en consecuencia, en las formas familiares que se dan en nuestra propia civilización.

Y hablo de familias en plural porque no hay un modelo único que sirva de referencia para todos. Es cierto que la familia formada por una pareja heterosexual con uno, dos o tres hijos es la que tiene cuantitativamente mayor predominio en la sociedad española. También hay familias con más hijos, aunque las difíciles condiciones actuales de vida dan lugar a que se haya reducido sustancialmente la natalidad tanto en nuestro país como en los de nuestro entorno.

Es por ello que en los estudios de la familia a través del dibujo del escolar me suelo encontrar con bastante frecuencia escenas formadas por cuatro miembros: el padre, la madre y dos hijas. Y uno puede preguntarse: ¿qué particularidad tiene el que haya familias con dos hijas? ¿No sucede lo mismo en familias de dos hijos varones?

Antes de responder a estos interrogantes, quisiera indicar que en otra ocasión veremos las familias con dos hijos varones, para que se entiendan los aspectos comunes y las diferencias en los procesos del desarrollo emocional tanto de las familias compuestas por los progenitores con dos hijas o con dos hijos.

De todos modos, hay que reconocer que ahora los padres jóvenes no están tan obsesionados en tener descendencia con hijos varones, es decir, de su propio sexo, como sucedía en generaciones precedentes. He comprobado que aquellos padres que tienen dos hijas viven, habitualmente, con felicidad y alegría el contacto con sus hijas, sintiéndose muy orgullosos de ellas.

Es cierto que, conociendo el machismo todavía imperante, tanto los padres como las madres se sientan más inquietos por sus hijas cuando empiezan a crecer y a hacerse más autónomas en la adolescencia. Sienten que ellas están en inferioridad de condiciones, por no hablar de las agresiones machistas que se dan cotidianamente en distintos ámbitos de la sociedad. Esa inquietud no la sienten de igual modo cuando los hijos son varones.

Por otro lado, en este modelo de familia se da la circunstancia de que en él hay tres miembros femeninos y solo uno del masculino: el propio padre. Esto da lugar a que exista una mayor conexión y cierta complicidad femenina, entendida esta como mayor capacidad de comunicación y comprensión entre la madre y las hijas. Esto que indico lo podemos ver en los dibujos que mostraré en este trabajo.

Además, tengo que apuntar que la exposición que realizaré no es un estudio exhaustivo, dado que es una aproximación a este tipo de familia, por lo que serían necesarios unos análisis en mayor profundidad.

De todos modos, quiero apuntar que son pocas las publicaciones que yo conozca que aborde la relación y el desarrollo afectivo entre hermanos o hermanas. Hay una obra ya clásica de la psicóloga estadounidense Judy Dunn titulada Relaciones entre hermanos de gran interés, por lo que sería necesario ampliar las investigaciones para comprender cómo se desarrollan las relaciones fraternas en las familias del nuevo milenio.

Comienzo, pues, con el dibujo que me sirve de portada, realizado por Julia, una niña de 10 años. Por la escena representada, nos damos cuenta que la escena pertenece al modelo de familia que estamos analizando. Como puede apreciarse, la autora muestra a los cuatro miembros al lado de la casa, que simboliza el hogar, el cariño y la protección, todo ello bajo la atenta mirada de un sol animista que se asoma entre las nubes.

Puesto que está en quinto curso de Primaria, empieza dibujando los cuatro miembros a partir del que tiene más edad hasta que llega a la que tiene menos años. Así pues, comienza por su padre; pasa posteriormente a su madre; continúa con ella misma y acaba con la figura de su hermana pequeña.

La jerarquía por edades da lugar a que las tres componentes femeninas aparezcan juntas; de todos modos, como veremos en los siguientes dibujos, la relación afectiva y de compenetración entre las niñas es distinta a la de los hermanos varones.



Para comprender el significado cognitivo, simbólico y afectivo de los dibujos de los escolares, es necesario entenderlos desde el punto de vista evolutivo. Es por ello que, tras el comentario del dibujo de Julia, comienzo por el de Claudia, una niña de 5 años que se representa junto a su hermana en el centro de la escena. A ambos lados de ellas, aparecen su padre y su madre, expresando simbólicamente la protección que la pequeña siente con las figuras paterna y materna. Además, la proximidad entre ambas hermanas expresa la afinidad, las confidencias, los juegos, que comparten, generando una proximidad afectiva en ellas.



Tempranamente, aparecen los gustos femeninos en los dibujos que realizan las niñas. Es lo que acontece con Marina, de 6 años, que ha trazado un sol animista con rayos que terminan en espirales. Por otro lado, y con respecto a las figuras humanas, comienza por el dibujo de su hermana pequeña, lo que es manifestación del cariño que siente por ella, reforzado por la cercanía de su propia figura, que simboliza también cercanía afectiva. Cierra el grupo con el dibujo de sus padres, algo más distanciados, como manifestación de que ellos son los mayores y tienen su propio mundo.



Hay una cierta similitud entre el dibujo de Sara, niña de 8 años, que acabamos de ver y el que he utilizado como portada del artículo, ya que la distribución de los personajes es parecida. Es decir, aparece en primer lugar el padre; le sigue la madre; continúa con su hermana mayor y acaba con ella misma. Las diferencias estriban en que, por un lado, Sara es la pequeña del grupo y, por otro, en el claro sentido del humor con el que ha construido la escena, lo que es manifestación de la alegría que siente en el seno de su familia.



Avanzamos en edad, y nos encontramos con un dibujo realizado por una niña de 9 años, que sigue el patrón o modelo mayoritario que vemos. Es decir, los cuatro miembros que conforman la familia se encuentran en el parque, de modo que aparece, en primer lugar, el padre; le sigue la figura materna; su hermana mayor y, por último, ella misma. Puesto que la autora ya se encuentra en cuarto curso, comienza a trazar detalles personales, como sucede con el bolso de su madre, al tiempo que ella y su hermana aparecen con gafas graduadas, tal como acontece en la realidad.



El sentimiento de afinidad y cercanía afectiva se vuelven a expresar en esta escena elaborada por una niña de 10 años, que dibuja a su familia en un día que ha ido de campo. Como podemos observar, ambas hermanas son las primeras en aparecer, lo que es manifestación de la autoestima propia y de la relevancia que concede a la relación que tiene con su hermana mayor. Para completar la escena, en el lado derecho de la lámina aparecen su madre y su padre, preparando sobre un mantel extendido la comida que van a tomar. Son, pues, dos pequeños grupos de afinidad dentro de la propia familia.



Cierro este breve recorrido por las escenas de familias con dos hijas con el dibujo que realiza Isabel, una chica de 13 años, con un gran dominio del dominio gráfico, tal como se puede apreciar. La figura que representa a la propia autora nos muestra que se encuentra en los inicios de la adolescencia, por lo que el sentimiento de autonomía y de ideas personales empiezan a emerger en ella. Es por ello, que en este caso haya representado a sus padres en el centro, a su hermana en el lado derecho y a ella en el izquierdo, pues, aunque tiene un gran cariño hacia su hermana menor, para ella es la “peque” de la familia.

AURELIANO SÁINZ

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