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18/8/18

  • 18.8.18
Una de las primeras recepciones que en El Pardo llevó a cabo el actual rey fue la que acogió cerca de doscientas ONG y colectivos sociales, entre los que se encontraban la fundación Triángulo, representada por su presidente José María Núñez, y la Federación Estatal LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales), con Boti García como presidenta de la misma.



Según Boti García, esta cita a la que habían asistido como invitados resultaba ser un modo de “visibilizar a los colectivos de la diversidad sexual y de género”, al tiempo que suponía “la defensa de los Derechos Humanos, tanto fuera como dentro de nuestras fronteras”.

Por otro lado, apuntó los retrocesos que ambos colectivos sufrían con los recortes en la prevención del sida, con la expulsión de lesbianas del sistema público de reproducción asistida y con los problemas de filiación de los hijos de las parejas homosexuales.

Todo esto no era de extrañar con un Gobierno del Partido Popular en el que había miembros y simpatizantes de grupos integristas (Opus Dei, Legionarios de Cristo o kikos), cuya moral retrógrada deseaban imponer al resto de la población, a pesar de que hay una clara mayoría de la sociedad española que acepta la normalización de las vidas de aquellas personas que se ven representadas en los objetivos de ambas organizaciones.

Tampoco era de extrañar que, según la presidenta de FELGTB, hubieran solicitado dos veces un encuentro a la entonces vicepresidenta Sáenz de Santamaría y no les respondiera a las peticiones. De igual modo, también se habían dirigido al que fuera ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, o al de Educación, José Ignacio Wert, y tampoco se dignaron siquiera a contestarles a las cartas que les habían remitido. Vamos, que pasaban olímpicamente de reunirse con ciudadanos españoles que, quizás, para ellos fueran como mínimo gente poco presentable.

Sin embargo, y tal como apunto, la sociedad española, a pesar de la enorme crisis social y económica en la que se ve envuelta, ha dado pasos hacia adelante, de modo que los españoles, según los estudios realizados en un número amplio de países, son los que tienen una mayor aceptación de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Este avance en la tolerancia y el respeto a la sexualidad y la afectividad de los demás, aunque sean distintas de la propia, es un avance significativo que merece la pena destacar.

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Relacionado con ello, era de esperar que, en alguna ocasión y dentro de las investigaciones que llevo a cabo, me encontrara con algún dibujo sobre la familia por parte de los escolares de Primaria en el que de algún modo reflejaran a las personas que han decidido cambiar de sexo, puesto que no se identifican con el que biológicamente habían nacido.

Es lo que aconteció en este año cuando en un colegio en el que llevé a cabo la prueba me encontré con el dibujo de un niño de 8 años y fui consciente de que me planteaba una situación singular cuando me puse a charlar con él.

He de apuntar que en estos trabajos de dibujo libre de la familia les indico que una vez finalizados enumeren por orden de aparición a los miembros que la componen. Así, un aspecto llamativo de esta escena es que los tres primeros números corresponden a sus mascotas, lo que es indicio de la importancia que tienen para el pequeño autor.

Al pasar al número 4, me dijo que era su hermano mayor. Me quedé un tanto sorprendido, puesto que yo veía trazada una figura femenina. Después aparecía él mismo, seguido de su hermano pequeño. Cerraba el grupo su madre y su padre, con los números 7 y 8, encontrándose ambos algo alejados.

Cuando terminó de comentarme lo que había realizado, le pregunté: “¿Pero el número 4 que has dibujado es una chica?”. La respuesta no se hizo esperar: “No. Es que mi hermano se ha hecho transexual y ahora viste como una mujer”.

No le quise preguntar más, pues personalmente entendí que al haber dibujado a su hermana (esto todavía el niño no lo tenía interiorizado, ya que seguía llamándole como hermano) era resultado y manifestación indirecta de que sus padres habían aceptado la nueva situación y, consecuentemente, respaldado la decisión de su hijo mayor de cambiar de sexo.

Dentro de este duro y difícil proceso, es fundamental recibir el apoyo del padre y de la madre, puesto que supone una ayuda de vital importancia para la transformación tan grande que se produce en la persona que desea el cambio de sexo. También es relevante la comprensión y aceptación por parte de quienes le rodean, sean amigos, conocidos, vecinos, etc.

Sobre este tema, y como ejemplo, quisiera recordar que en Almendral, un pequeño pueblo extremeño de la provincia de Badajoz, el año pasado fue elegida reina de las fiestas de la localidad una chica transexual. Ni que decir tiene que supuso una clara manifestación de cariño, respeto y tolerancia por parte de la gente del pueblo hacia esa joven, que anteriormente había sido un chico.

Esto nos hace pensar que en ocasiones nos equivocamos cuando hacemos juicios apresurados, ya que es habitual sostener la idea de que en los pueblos pequeños los prejuicios son muy grandes y que viviendo en ellos resulta complicado salirse de las normas establecidas.

En este caso que cito, tanto la chica como la familia recibieron el apoyo de los vecinos, ya que estos no tuvieron problemas de que fuera ella la que los representara en las fiestas patronales. Y es que la tolerancia y la comprensión pueden venir de donde uno menos la espera.

AURELIANO SÁINZ

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