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22/12/17

  • 22.12.17
A veces hay una voz inteligente dentro de mi cabeza que me dice: "eres simplemente humana". Porque a menudo me creo una semidiosa con capacidad de controlar todo, creyendo que, si me esfuerzo, puedo conseguir cosas y puedo hacer que la gente cambie si me enfrento a ella. Vanos sueños o pesadillas. Voy aprendiendo que hay muy pocas cosas que dependen solo de mí. Y lo que me está costando más es aceptar que cada uno es como es y que el que es malo y egoísta no cambia.



Anoche me senté en mi cama nueva, efecto nube, porque algún caprichito me tengo que dar después de aguantar a la insoportable de mi exjefa. Y volví a sentirme una principita subida en una cama que está sobre un planeta redondo que gira y gira sin que lo notemos, a cuyo alrededor hay miles de estrellas y que yo solo soy un puntito en esa inmensidad.

No pensé que yo era insignificante: esta vez me vi como algo pequeñito que hay que cuidar y proteger porque, aunque soy fuerte, no puedo con todo. En una sociedad que nos fustiga para que consigamos metas y demostremos a un ojo imaginario que valemos porque hemos cruzado la cinta con la que termina el camino y que lleva a esa ansiada meta, es difícil no ver que los finales no existen, que todo está en movimiento y que los objetivos son como un humo negro que se diluye ante un nuevo soplo de viento.

Por eso necesito parar yo, aunque la tierra siga girando, y sentir que lo único que puedo hacer es ser la persona que soy, hacer lo que pueda para que mi micromundo esté lo mejor posible. Nada más. Dejar de mirar hacia arriba o a los lados, no esperar nada externo...

Acolchar mi entorno con buenas personas; dejar ir a los pensamientos tenebrosos; mirar sin juzgar; agradecer los momentos en que me doy cuenta de que soy feliz y, sobre todo, dejar de utilizar esa plantilla imaginaria de lo que debería ser la realidad o los demás.

Desde niños nos dicen cómo actuar y las consecuencias que tienen las malas acciones pero, sin embargo, cuando creces ves que el mundo es injusto y que los buenos no son los que triunfan, pero sí hay gobernantes egoístas que no sienten el dolor ajeno frente a excelentes personas que se afanan y no consiguen llegar a ningún sitio...

No me quedo con una visión pesimista del mundo, lo único que quiero es enfocar mi energía y mi atención en lo que depende de mí, en el granito que puedo aportar para tener un mundo mejor, y educar mis ojos para que no vean solo las miserias, para que sean capaces de reconocer el brillo de los nobles actos de los buenos corazones. Que los hay.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

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